Un blog para guardar parte de la infinita imaginación de Mar
domingo, 20 de septiembre de 2020
Adiós Octopus, adiós
Los abuelos estaban paseando y, de repente, los policías aparecieron. Pero el abuelo se acordó de las camuflas y se pinchó una rueda, y pudieron escapar.
Pues qué oportuno, Mar, que el abuelo Manolo se acordara de las camuflas y sus polvos mágicos con esos entrometidos policías. La idea le vino a la cabeza justo cuando salieron más policías del coche. Un par de africanos que asomaban la cabeza de la tierra en ese momento cogieron rápido los polvos y se los dieron a la abuela con disimulo. Ella los arrojó sobre coche y de pronto se le pincharon las ruedas. Después sopló lo que quedaba sobre los policías, que para sorpresa de todos se convirtieron en gatos romanos y corrieron rápido hacia la comida que acababa de dejar la señora que les deja alimento cada día. Se ve que tenían hambre. Una vez que se libraron de los policías, los abuelos subieron por la escalera blanca del fondo del muelle, esa que sube pero no lleva a ninguna parte, y desde arriba, miraron hacia el Octopus una vez más. Ahora, cuando vuelvas Mar a Málaga y veas algún gato romano por el puerto, puede que sea alguno de esos policías transformado por la magia de las camuflas.
Pues qué oportuno, Mar, que el abuelo Manolo se acordara de las camuflas y sus polvos mágicos con esos entrometidos policías. La idea le vino a la cabeza justo cuando salieron más policías del coche. Un par de africanos que asomaban la cabeza de la tierra en ese momento cogieron rápido los polvos y se los dieron a la abuela con disimulo. Ella los arrojó sobre coche y de pronto se le pincharon las ruedas. Después sopló lo que quedaba sobre los policías, que para sorpresa de todos se convirtieron en gatos romanos y corrieron rápido hacia la comida que acababa de dejar la señora que les deja alimento cada día. Se ve que tenían hambre. Una vez que se libraron de los policías, los abuelos subieron por la escalera blanca del fondo del muelle, esa que sube pero no lleva a ninguna parte, y desde arriba, miraron hacia el Octopus una vez más. Ahora, cuando vuelvas Mar a Málaga y veas algún gato romano por el puerto, puede que sea alguno de esos policías transformado por la magia de las camuflas.
ResponderEliminarSi no pueden las camuflas
ResponderEliminarni tampoco los Romeos,
¡nos salvarán las pitusas!
Y gracias a las camuflas
ResponderEliminartodo gato o policía
a descansar con pantuflas.
RIMA DESDE TENERIFE
ResponderEliminar"ANA rima con LEJANA".
En el Tomé Cano Mar
pensando en su prima hermana.
ANA.― Mar, tú estás entre mis cosas.
ResponderEliminarMAR.― No se nota, no se nota.
ANA.― Te mandaré un comentario.