domingo, 27 de abril de 2025

La mano de colores







Érase una vez un niño que no sabía leer. Todas las mañanas, su madre intentaba por todos los medios enseñarle, pero no podía. El niño rechazaba aprender a leer, a pesar de que ya tenía siete años. El niño se llamaba Ramón y su madre Lara. Un día de verano, Ramón decidió salir a dar un paseo para despejarse. Le gustaba contemplar a los niños hacer castillos de arena, ver a los pescadores y observar como las gaviotas buscaban peces. De pronto, sintió un dolor insoportable en su mano. Se la miró y vio que, poco a poco, sus dedos iban tomando un color distinto. El pulgar se le puso verde, el índice se le puso violeta, el corazón rojo, el anular amarillo y el meñique rosa. El niño estaba paralizado y no podía mover ni un músculo por mucho que quisiera hacerlo. Pocos minutos después, apareció un genio dorado en el centro de la palma de su mano como un remolino de brillo. Una vez estuvo situado, el genio empezó a hablar con calma:

-Querido niño, he escuchado que tú no sabes leer y que ni siquiera tienes intención de aprender ¿es así? - preguntó el genio – Sí- sí- sí- ge ge- ni- ni -o - dijo el niño tartamudeando – Bueno, eso tiene solución- afirmó el genio muy convencido. De pronto de los ojos del genio comenzaron a salir chispas doradas hacia cada de sus dedos convirtiéndolos en libros.

Pasaron los años y el genio ayudó al niño a leer. Los dedos de Ramón eran libros y ahora podía leerse todos los que quisiera. Algunos eran: Caperucita roja, El diario de Greg o Blancanieves. Cada libro viajaba a un lugar diferente y así Ramón descubrió que leer es divertido, pero si le pones imaginación.



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