lunes, 12 de abril de 2021

La ardilla trepadora

 





7 comentarios:

  1. La ardilla marrón subió hasta lo alto de la torre de La Alcazaba y desde allí empezó a ver la función en el teatro. Anochecía. Se abrió el telón y salió el gato sin cola muy campante y estirado. Al poco salió otro gato, el gato con botas que también actuaba. Los dos hicieron un diálogo muy bueno sobre sus respectivas vidas gatunas. De repente, en la oscuridad del fondo del escenario se entrevió la sonrisa blanca del gato de Alicia en el País de las Maravillas. Al final recibieron los aplausos y los bravos del público desde las gradas del teatro romano. Porque al final habían ido muchos animales: perros, gatos, ardillas, alguna rana del parquecillo de las rosas, alguna tortuga y hasta un camaleón. Tampoco se lo perdieron las cotorras desde los árboles. La ardilla también aplaudió a lo lejos moviendo mucho la cola, contenta de haber animado al gato sin cola, y se perdió después camino del Castillo de Gibralfaro...

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  2. QUÉ BIEN ACABAN LOS CUENTOS LAS TÍAS.
    En cambio, los abuelos…

    AL GATO RUBIO, ¿QUIÉN LE CORTÓ EL RABO?
    ¿Quizá Picasso desde el otro lado?

    ¿Difícil para Mar? ¿Dirá algo Ana,
    o Miguel antes de que acabe abril?

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    Respuestas
    1. ¿Quién pudo cortarle el rabo al Gato Rubio?

      ¿Picasso, a lo mejor?

      No es fácil llegar a saber qué pasó en realidad; pero se oye por ahí un cuento que trata de explicar un poco toda esta rara historia; el cuento parece que se titula: "De cómo el Gato Rubio se quedó sin rabo".

      PUES un día estaba el señor Picasso paseando tranquilamente por los Jardines de Puerta Oscura, famosos por ser el lugar favorito de los más que terribles Mosquitos Invisibles, aquellos que hacen unos ronchones que duran un mes; paseando estaba, decíamos, el señor Picasso con todo su equipo de pintor: caballete, pinturas, taburete, pinceles, trapos de limpieza, y un baby para no mancharse su camiseta de rayas. Él sabía muy bien que por aquel lugar había una colonia de gatos mansos y confiados, y pensó que no le sería difícil pillar alguno de modelo. Pero una buena sorpresa se llevó cuando vió que no había gatos por ninguna parte. Esperó y esperó, y por fín creyó ver una gatuna cabecita rubia detrás de un seto; luego, muy poco a poco, un trozo de cuerpo, un poco después el cuerpo entero; pero ya no quiso mostrarse más (algo tímido parecía aquel gato rubio) y el rabo quedó escondido entre las flores del seto; de ninguna manera quiso ya moverse y salir del todo de su escondite. Así que el señor Picasso se sentó en su taburete y se puso a pintar a ese gato un poco cabezota. Cuando estuvo terminado el cuadro, el pintor vio que había quedado un gato sin rabo muy bonito; bonito, sí, pero sin rabo; este detalle original, parece que más tarde le fue de gran ayuda para que se cumpliera su sueño de ser actor. Dicen que el gato picassiano, harto y aburrido de estar dentro de un cuadro se escapó del museo, y se fue corriendo hacia el Teatro Romano donde, por fin, encontró trabajo y casa.

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    2. Bien pensado que Picasso
      fuera en su época realista
      tan tímido como el gato.

      A OTRA COSA, MARIPOSA.

      Érase una cucaracha
      que al volver a caminar
      quiso aprender informática.

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    3. En Bustamante:
      visitando teclados
      la cucaracha.

      Y dice el abuelo:

      Érase una cucaracha
      que al volver a caminar
      quiso aprender informática.

      ¿Título para un cuento?

      LA CUCARACHA INFORMÁTICA.

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    4. Y Mar tocó su tambor.
      CUCARACHAS, CUCARACHOS:
      A CAMUFLARSE MEJOR.

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    5. “¿Qué significa CAMUFLA?”,
      Ana preguntó al tambor,
      “¿tomárselo todo a chufla?”.

      “No tienen nada que ver:
      sólo riman, eso es todo”,
      respondió serio Miguel.

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