VIOLETA LA MEDUSA, enfermera de la Cruz Violeta según su gorrita. Cura y no pica, nada violenta Violeta. Igual que el señor de los caracoles.
« Después de la lluvia salió a buscar caracoles. Les habló y no se le escaparon. Se los puso en la mano y los apartó para que no los viera ningún pájaro. Cuando murió, se reunieron todos los caracoles del vecindario y lo acompañaron en su último camino.»
Señor de los Caracoles a quien, según hoy nos has dicho por teléfono, le has puesto de nombre HILARIO PINO. Entonces, a este Hilario Pino de tu cuento lo llevarían al Cementerio Inglés en una caja de pino, ¿no? También hay tardes de pino. ¿Cómo sería, Mar, una tarde de pino? Y para la niña tan contenta, has elegido FLORETA. Florencia tampoco hubiera estado mal, así se llamaba una amiga de Teresa, la abuela de Montoro de tu madre y de tu tía Inés. ¡Doña Florencia!
« “Uno se duerme”, le dice él a la niña, “pero no vuelve a despertarse”. “Yo siempre me despierto”, dice la niña muy contenta.»
Él quizá fuera don Elías Canetti o Cañete, un señor que cuando niño podía tener malísimas pulgas. No sabía leer todavía y una prima que estaba en 1º o 2º, nunca quería leerle los cuadernos que traía de la escuela a la casa familiar. Era perversilla, se negaba y se negaba para ponerlo cada vez de peor humor. Hasta que un día estalló el niño. Fue al corral a por el hacha de un armenio y corriendo tras su prima gritaba: "¡Agora vo a matar a Laurica!, ¡Agora vo a matar a Laurica!" Porque su lengua materna era el español antiguo como descendiente de judíos sefarditas (SEFARAD, España en hebreo). No pasó nada. Se reunió un consejo familiar y, claro, lo castigaron; también, pero mucho menos, a la prima, que demostró correr bastante más que él.
VIOLETA LA MEDUSA, enfermera de la Cruz Violeta según su gorrita. Cura y no pica, nada violenta Violeta. Igual que el señor de los caracoles.
ResponderEliminar« Después de la lluvia salió a buscar caracoles. Les habló y no se le escaparon. Se los puso en la mano y los apartó para que no los viera ningún pájaro. Cuando murió, se reunieron todos los caracoles del vecindario y lo acompañaron en su último camino.»
Señor de los Caracoles a quien, según hoy nos has dicho por teléfono, le has puesto de nombre HILARIO PINO. Entonces, a este Hilario Pino de tu cuento lo llevarían al Cementerio Inglés en una caja de pino, ¿no? También hay tardes de pino. ¿Cómo sería, Mar, una tarde de pino? Y para la niña tan contenta, has elegido FLORETA. Florencia tampoco hubiera estado mal, así se llamaba una amiga de Teresa, la abuela de Montoro de tu madre y de tu tía Inés. ¡Doña Florencia!
« “Uno se duerme”, le dice él a la niña, “pero no vuelve a despertarse”. “Yo siempre me despierto”, dice la niña muy contenta.»
Él quizá fuera don Elías Canetti o Cañete, un señor que cuando niño podía tener malísimas pulgas. No sabía leer todavía y una prima que estaba en 1º o 2º, nunca quería leerle los cuadernos que traía de la escuela a la casa familiar. Era perversilla, se negaba y se negaba para ponerlo cada vez de peor humor. Hasta que un día estalló el niño. Fue al corral a por el hacha de un armenio y corriendo tras su prima gritaba: "¡Agora vo a matar a Laurica!, ¡Agora vo a matar a Laurica!" Porque su lengua materna era el español antiguo como descendiente de judíos sefarditas (SEFARAD, España en hebreo). No pasó nada. Se reunió un consejo familiar y, claro, lo castigaron; también, pero mucho menos, a la prima, que demostró correr bastante más que él.