Las dos cosas que hay debajo de los monjes son botas negras que parecen de cuero. Las cosas que hay a los lados son un camino de piedras porque cuando las piedras están mojadas se pintan de negro. Debería haber algún cangrejo o mejillones pegados ya que le gustan la humedad y las rocas.

A Mar leer,
ResponderEliminarsea luego lo que sea,
dulce placer.
https://www.youtube.com/watch?v=e1ySAzIUS_U
"Yo soy la locura". Anónimo del Siglo XVII.
Interpretado por Silva de Sirenas
SILVA DE SIRENAS, ¡qué nombre, Mar!
Vídeo ya compartido.
Con Ché, a principios de diciembre.
"Yo soy la locura,
la que sola infundo
placer y dulzura
y contento al mundo.
Sirven a mi nombre
todos mucho o poco,
y no, no hay hombre
que piense ser loco".
VETERINARIA Y CANTANTE
A bailar, Mar,
con los monjes. Que habrá
monjas también.
"Para ser libre,
ResponderEliminarmétete a monja, Mar".
(SOR JUANA INÉS).
"Para ser libre,
Ana, métete a monja".
(SOR JUANA INÉS).
GOLD WAR, IDA
En este lado
Amor baila muy poco.
Vuelve, Afrodita.
Mar por delante
ResponderEliminarpara asustar cangrejos.
Con botas blancas.
Hola, Mar, ya cerca de tus vacaciones. Abrazos de los abuelos y aquí sale un soldado que vuelve de la guerra del inglés. De haber muerto, su mujer dudaba entre meterse a monja de Santa Clara o monja de Santa Inés. Ya te lo irás viendo tú.
ResponderEliminarESCUCHÍS, SEÑOR SOLDADO
Del Romancero Judeo-español. El propio soldado pone a prueba la fidelidad de su esposa haciéndose pasar por un extraño. La historia tiene un final feliz.
Escuchís, señor soldado,
si de la guerra venís.
Sí señora, de las guerras,
de las guerras del inglés.
¿Habéis visto a mi marido
por fortuna alguna vez?
No conozco a tu marido
ni tampoco sé quién es.
Déisme una señal, señora,
que le pueda conocer.
Mi marido es blanco y rubio
bien alto, como un ciprés.
Lleva las medias de seda
zapatitos de babé;
se pone jubón de grana
que no se lo pones el rey;
cabalga en caballo blanco
que se lo ha dado el inglés
y en la punta de la espada
lleva las armas del rey.
Ese hombre que usted dice
muerto hace más de un mes,
y en su testamento dijo
que me case con Ud.
Callis, callis, caballero,
no habléis tan sin cortés.
Siete años lo he esperado
y otros siete esperaré;
si a los catorce no viene
monja yo me quedaré,
monja como Santa Clara,
monja como Santa Inés.
Tres vueltas diera al palacio
por poderse conocer
y allí ya se conocieron
el marido y su mujer.
Tocóse mano con mano
y subióla a su verjel.
https://www.youtube.com/watch?v=Woj_uSjXRY0
Hay más versiones.
Hola abuelos:
ResponderEliminarTengo una versión del romance:
La chica no es al final monja ni santa Clara ni santa Inés.El marido vuelve a los seis meses a las 8 de la noche y se van a ver al rey.Un día la chica decidió meterse dentro de su marido y que aunque parezca que es uno son dos.
FIN
Yo también juego al corro a la rueda de San Miguel.
Yo también me acuerdo de vosotros.Un abrazo grande para los dos.
MAR
GRACIAS, MAR. ERES A LA VEZ UN MAR Y UN SOL CANARIOS.
¿REGRESA EL MARIDO A LA GUERRA Y VUELVE, A LOS SEIS MESES, UNA VEZ FIRMADA LA PAZ A LAS 8 DE LA NOCHE?
ResponderEliminarY SE VA A VER AL REY. “Mar ya lo sabrá”, dice tu abuela sonriendo aquí al lado. Y yo, que Juan Carlos Primero abandonó por fin el OCTOPUS y navega ahora a bordo del BRIBÓN, un barco más pequeño. Mucho mejor tu rey que es rey de cuento. “Y no de cuentas", repite tu abuela Maruchi. Que por culpa de Juan Carlos Primero, dice que va a ponerse a llorar. ¿Tanto como yo cuando Mar me encerraba en el cuarto de baño y luego apagaba la luz?, le pregunto. “No”, me contesta, “tanto no; más bien será como jugando”. No pudo ser en mayo, pero junio ha llegado. Sigamos tranquilos, Mar.
Y LA CHICA DECIDE METERSE DENTRO DEL MARIDO, como si tal cosa. Y lo mismo también pasa lo contrario. “PARECE QUE SON UNO PERO SON DOS”: muy bien, Mar. Difícil ser dos personas en una, te lo juramos. Pero estamos trabajando mucho en conseguirlo. Nos anima, por ejemplo, un verso que hemos leído hace poco.
“¿Y SI UNO NO ES IGUAL A UNO?”. Mejor que con ayuda de nadie, lo entenderás, Mar, tú sola, Mar y Sol canarios, según tu abuela. O Sol y Mar. Besos de tus abuelos.
Hola, Mar. Tres días seguidos sin ver en Gibralfaro ninguna ardilla. Qué horror. Por si tenemos mala suerte, ¿de tus 60, podrías mandarnos siquiera una? En Los Rodeos una azafata preguntará por ti. Iberia tiene buenas jaulas, por eso no te preocupes. Mi problema, Mar, es que ayer lloré mucho, y más de verdad, por culpa de las ardillas. Consolándome como pudo, tu abuelo hizo que me sentara en el tocón de un pino recién talado. Menos mal. Eso me dio mucho ánimo. Me conformé con mi sino de no ver en tanto tiempo a ninguna (ni a ti tampoco, dicho sea entre paréntesis). Además el todavía vivo muñón del árbol me contagió de más cariño por tu abuelo. Medio siglo ha tenido que pasar para que tu abuela se enamore de tu abuelo, ¿qué te parece, Mar? Con él y Soledad ya sólo puedo estar mucho más tranquila. Mañana de nuevo subiremos al castillo. Seguro que en el suelo o algún árbol por fin aparecerá alguna ardilla. Si no, ansiedad ninguna tampoco. Al aeropuerto, a esperar la tuya. Qué casualidad. La azafata a la que tienes que entregársela se llama también Soledad. Besos de tu abuela que a ti también te quiere mucho.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarHola abuelos:
ResponderEliminarPara que la abuela no llore más voy a mandarle una ardilla que es:
MANZANETA porque la eligió la abuela como nombre de las 60.La hermana de Soledad que se llama igual es azafata,acompañará en el avión de animales.Me parece bonito que haya amor,es el valor que más me gusta.Espero que Manzaneta llegue pronto y os hará una señal para que le deis nueces,no papel.
Un abrazo grande
MAR
Gracias, Mar, por hacer que ya no llore. A la espera de Manzaneta, LA ARDILLA RISUEÑA, quizá podamos seguir escribiéndonos, si a ti te parece bien. Un abrazo tan grande como el tuyo.
Era extraño que de buenas a primeras desaparecieran las ardillas del monte de Gibralfaro. Al principio no se le dio demasiada importancia-sería algo pasajero, cuestión de días- pero pasaba el tiempo y al no haber rastro de ellas la gente empezó a preocuparse y a entristecerse. Menos mal que un vecino del lugar conocía a Mar, la cantante y bailarina bien conocedora de estos animales, que con sus melodías y danzas era capaz de muchas cosas imposibles. Su voz era tan irresistible para las ardillas que en cuanto empezó a cantar empezaron a asomar entre los pinos hocicos y colas. Mar bailaba y cantaba camino del castillo y detrás las ardillas iban formando una fila larga como la de los ratones del flautista de Hamelín. A un lado del sendero, sentada sobre el tocón de un pino recién talado, una pareja de enamorados esperaba con nueces en la mano el paso de las ardillas. Cómo se alegraron de verlas. Ya era hora, después de tanto tiempo.
ResponderEliminar