Miguel, Ana, Mar: Algunas coplillas salieron repetidas, podéis borrarlas o sustituirlas por otras.
Eso y contaros algo que leyendo nos ha hecho gracia a los dos.
Ayer Inés nos dijo que había terminado una novela titulada LA MUJER ZURDA. Está en internet. La mujer zurda es Mariana, de 30 años, que vive en ESCANDINAVIA; con mucho mal tiempo, su marido (Bruno) y con Esteban, de años, el hijo de ambos. Se lee:
“Una tarde de invierno, cerca ya del anochecer, estaba sentada a la luz amarilla que llegaba de fuera, junto a la ventana de un amplio cuarto de estar, al lado de una máquina de coser eléctrica; junto a ella, su hijo de ocho años haciendo unos deberes”.
Pues si os parece, para que lo conozcáis aquí tenéis cómo hizo Esteban un deber. (“UNDEBÉ”, me interrumpe vuestro abuelo, “es el nombre que le dan a Dios los gitanos, es curioso”. Nada curioso, siempre a lo suyo vuestro abuelo). ¿Un deber infantil real, o solo inventado por el novelista?
Un abrazo fuerte a los tres.
«“CÓMO ME IMAGINO UNA VIDA MEJOR”
Me gustaría que no hiciera frío ni calor. Que sople siempre un viento tibio; de vez en cuando una tormenta en la que la gente tiene que acurrucarse. Los coches desaparecen. Las casas serían rojas. Los arbustos serían oro. La gente lo sabría todo y no necesitaría aprender nada más. Se viviría en islas. En las calles los coches están abiertos y se puede entrar cuando se está cansado. Ya no se está cansado. Los coches no son de nadie. Por la noche la gente no se va nunca a la cama. La gente se duerme allí mismo donde está. No llueve nunca. De todos los amigos hay siempre cuatro, y la gente que uno no conoce desaparece. Todo lo que uno no conoce desaparece».
De parte de tus abuelos.
ResponderEliminarSe alzaban ya sus alas
como fuertes torreones.
Vencejín se impacientaba.
La caja lo trastornaba.
“¿Tenebrios? Mejor, tinieblas.”
El vencejo deliraba.
Aunque mucho se querían
ya ni Miguel le bastaba.
Vencejín se deprimía.
Atendiendo a otros chirridos,
Ana pintaba prendada
del viejo mundo judío.
Tanto vuelas, tanto vales.
Arriba está Vencejina:
De un vuelo, ¡hasta Los Brocales!
Me tratan muy bien aquí
pero lo mío es volar,
Besos de Vencejín.
Altas torres medievales
parecían ya sus alas.
DE UN VUELO, ¡HASTA LOS BROCALES!
Cerca del mar,
alegría bastante
no falte a Mar.
Con alegría bastante
cada día aparecía
por la calle Bustamante.
Achilipú:
También bailo en las calles
de Santa Cruz.
En plan ballet
algunos pasodobles
también los sé.
Achilipú:
Bailan hasta las sillas,
fíjate tú.
Y Doña Ana,
a través de sus trajes
también bailaba.
Un nombre empieza
por C, otro por I
y otro por M.
La calle 3 de Mayo
no está lejos. ¿Qué es?
Miguel, Ana, Mar: Algunas coplillas salieron repetidas, podéis borrarlas o sustituirlas por otras.
ResponderEliminarEso y contaros algo que leyendo nos ha hecho gracia a los dos.
Ayer Inés nos dijo que había terminado una novela titulada LA MUJER ZURDA. Está en internet. La mujer zurda es Mariana, de 30 años, que vive en ESCANDINAVIA; con mucho mal tiempo, su marido (Bruno) y con Esteban, de años, el hijo de ambos. Se lee:
“Una tarde de invierno, cerca ya del anochecer, estaba sentada a la luz amarilla que llegaba de fuera, junto a la ventana de un amplio cuarto de estar, al lado de una máquina de coser eléctrica; junto a ella, su hijo de ocho años haciendo unos deberes”.
Pues si os parece, para que lo conozcáis aquí tenéis cómo hizo Esteban un deber. (“UNDEBÉ”, me interrumpe vuestro abuelo, “es el nombre que le dan a Dios los gitanos, es curioso”. Nada curioso, siempre a lo suyo vuestro abuelo). ¿Un deber infantil real, o solo inventado por el novelista?
Un abrazo fuerte a los tres.
«“CÓMO ME IMAGINO UNA VIDA MEJOR”
Me gustaría que no hiciera frío ni calor. Que sople siempre un viento tibio; de vez en cuando una tormenta en la que la gente tiene que acurrucarse. Los coches desaparecen. Las casas serían rojas. Los arbustos serían oro. La gente lo sabría todo y no necesitaría aprender nada más. Se viviría en islas. En las calles los coches están abiertos y se puede entrar cuando se está cansado. Ya no se está cansado. Los coches no son de nadie. Por la noche la gente no se va nunca a la cama. La gente se duerme allí mismo donde está. No llueve nunca. De todos los amigos hay siempre cuatro, y la gente que uno no conoce desaparece. Todo lo que uno no conoce desaparece».
Esteban, Stephan en realidad, tiene OCHO años.
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