domingo, 4 de septiembre de 2022

La mesa gimnasta




 

4 comentarios:

  1. Hola, Mar. Una mesa rugía en Dinamarca. ¿Una mesa-león que luego se murió? No, muchos invitados, reales e irreales de hace siete siglos, a la mesa de un castillo danés, riendo y gritando por los chistes y bromas de un tal Yorick, bufón de palacio. Sobre este lío de mesas borrachas o gimnastas, también tú viste y contaste algo fuera del blog.

    El veo veo sigue, Mar, en este otro párrafo. ¿Cisnes blancos, cisnes negros? Hay colores, y muchas otras cosas más, según de qué ojos estemos hablando. Un cisne o una mosca ven como ven; en cambio, Mar ve y mira y admira muy bien. Viejo y loco este cuento es para Mar. Otra manera de ver el origen de la modalidad gimnástica de la cinta.

    ***

    Marazul, bailarina del Royal Ballet, volvía ligera a su apartamento. Tras mucha barra, mesa y un PAS DE DEUX con Romeo y otro con Bartolomeo, estaba cansadísima. De pronto la indignó un carrito de inválido que a toda puleva bajaba por una calle de la orilla derecha del río. Casi la atropella. ¡Era Juan Carlos Primero! En su carrito, real pero demasiado acelerado, y sin luces. Lo reconoció enseguida. Marazul recordó que, desde los más arábigos desiertos, el Real Emérito había llegado a Londres para asistir al entierro de una prima. Claramente, la PRIMA BALLERINA notó enseguida cómo contra la gravedad, desde la planta de los pies hasta el moño de la cabeza, empezaba a subirle el cisne negro. Tan gimnasta como buena artista, con su propio cuerpo acabó de frenar el carrito, cogió al rey por el cuello y le quitó la corbata. La desanudó entera y volvió a agarrarle la cabeza. Pero no para cortársela. En realidad, pensó Marazul, lo que ya tiene y da este rey es mucha pena: por dentro le trepaba el cisne blanco que también había en ella. Besó la frente real y solo entonces, usando de corta cinta la corbata, se lanzó a bailar y cantar SCHIARAZULA MARAZULA, en una versión de tiempos de la Revolución Francesa.


    ¡Que ya empiecen los bailes!
    En ningún sitio se deje de bailar,
    que ya no hay, Mar, jefe, ni tiempo
    y solo queda bailar y bailar
    con risas que escapan de la muerte.

    (Que s'ouvrent les danses !
    Et tout en rond on continuera danser,
    et il n'y a plus de patron, ni de temps
    et restent les danses et danser
    et les rires que la mort n'a pas.)

    https://www.youtube.com/watch?v=JGMK9Yy6NDM

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  2. Haikus a la rara, un poco loca, pero muy real historia de la bailarina Marazul.

    Ir hacia arriba
    se dice Marazul.
    Frenar la ira.

    La ballerina
    vence a la gravedad
    con ligereza.

    El Cisne blanco
    resbalando su luz
    redime todo.

    Se ha iluminado
    renunciando a su sombra
    el Cisne negro.

    Es Marazul
    la pura compasión.
    Muerta de risa.

    Baila que baila
    Marazul no se cansa.
    Vuela que vuela.

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    1. ── No hace falta que te calles ── dijo Juan Carlos Primero ── , te escucho , Conchacemalles.

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  3. OTRA VERSIÓN TAMBIÉN RARA, MAR.
    PARA QUE LA RELEAS CUANDO VAYAS A CUMPLIR 18, 28 O 38 AÑOS.

    Con sus bromas y chistes, Yorick, bufón en Dinamarca, en las comidas reales hacía reír mucho no solo al príncipe Hamlet sino a mesas enteras de invitados. Pero en una de ellas, tan fuerte hablaban y reían un día, que solo aquella mesa era ya un rugido de gritos y carcajadas. Cuando el ruido se hizo insoportable, el rey ordenó a la propia madera de la mesa que acabara con aquello. Entonces la mesa agarró con una pata el cuello del invitado más follonero y le desanudó entera la corbata. La orquesta había iniciado SCHIARAZULA MARAZULA, la danza preferida de Hamlet. Para regocijo suyo y de toda la ya tranquila concurrencia, agitando con gracia la corbata del follonero, la mesa se puso a bailar. Según algunos, ese fue el verdadero origen de la modalidad de cinta en la gimnasia rítmica. Cosa que años más tarde, al volver de Inglaterra, recordaría Hamlet en un cementerio: ante la tumba de Yorick, y cerca de donde en esos momentos enterraban a Ofelia, con la que Hamlet antes de su destierro no se había portado nada bien: “Te quiero”, le decía Ofelia, y Hamlet: “Métete a monja, métete a monja”. Hasta que un día le contestó Ofelia: “Ni convento ni boda; yo, bailarina. Y no me llamo Ofelia, mi nombre es Marazul”. Y antes de cambiar de vida quiso bañarse en el mar.

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