Quiere seguir Manuel siendo tu abuelo algunos años más, en primavera; en calma, frente al mar. Siempre a la espera de que sabio otra vez vuele el mochuelo.
Del DESCONCIERTO DE LA CATARATA. [Si podemos, Mar, de este cuento ya te escribiremos algo más.]
El río Garaniá y su catarata le han dado un día libre al mochuelo. Así, sobre las 12 (las 11 en el Tomé Cano), desde un ciprés mexicano hoy podrá contemplar a la tortolica Lilina con su pareja y a tres mozuelas, visitando a los abuelos quizá algo menos GUARNÍOS ya.
ÁMBITO DE GUARNÍOS:
Andalucía (España), Extremadura (España), Murcia (España), Palma de Mallorca [y, desde ahora, en Santa Cruz de Tenerife también.]
USO: coloquial
SIGNIFICADO:
Denota un estado de malestar en el individuo, bien por cansancio, enfermedad, depresión o cualquier otra causa distinta, que lo altere de su estado físico, mental o emocional normal y habitual, conservando sin embargo su estado del humor intacto. Sirve por tanto para definir a un enfermo, como a un desfallecido atleta después de una maratón. También es aplicable a objetos y cosas en estado defectuoso, deteriorados o rotos, máquinas averiadas, árboles caídos, o cualquier objeto que haya dejado de estar en su mejor momento, pasando a un estado o condición de peor calidad. Ejemplo: "ESA SILLA ESTÁ GUARNÍA" (esa silla está rota), "RAMÓN NO HA VENIDO, DICE QUE ESTÁ GUARNÍO" (Ramón está enfermo o no se encuentra bien).
Gracias, Mar, por tus dos ORIGINALES. Buenos regalos siempre tus regalos.
LA IGUANA DE ROMEO EN SU RINCÓN. Se deja acariciar todas las púas, con forma de sierra pero sin guerra; a ella solo va para defenderse de sus depredadores: felinos, aves de presa, tejones, gatos, perros… y el propio hombre sobre todo. Romeo y tú / vais sabiendo ya mucho: /… AUXILIO, OCHO.
EL BUEN CANTO DEL PÁJARO EN SU ALAMBRE. Bien abierto y dibujado su pico: gracias por todo ello. Como las iguanas, algunos pájaros son más bien solitarios. «Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente». Esto escribió SAN JUAN DE LA CRUZ, no pensando desde luego en el mochuelo de mi instituto donde había uno al que oíamos de noche en las clases; su canto era suave también. En un buen tronco, / qué bien posado está, / Mar, tu mochuelo, / con esas cuatro ramas / ya florecidas. Besos.
Junto al estanque del Paseo de los Curas esta mañana. Dos días después de San Antonio: trece y martes pasados. Cómo le gustaba este día a tu bisabuela Teresa. Le rezaba a San Antonio y enseguida aparecían todas las cosas perdidas. Leídos, Mar, por tus abuelos los dos poemas de Ricardo Molina. Tórtolas más que palomos en el estanque: Lilinaa. Hoy no funcionaba el surtidor.
Por la tarde nos enteramos de que el río Garaniá le había dado permiso al mochuelo para que volara un buen rato con Che. A ver si así él se olvida de tener que ir río arriba, río abajo, río arriba, río abajo… siempre con miedo a la catarata y al desconcierto.
VIDA CALLADA
De la vida callada de las plantas, aprendo olvido. Al cielo alza el almezo sus ramas gimientes de ruiseñores. Me detengo un instante. La memoria se adormece a su sombra. De mi vida pasada nada quiero, vana imagen que huye como el agua.
En la tarde otras tardes profundizan esta hora. El sosiego que me invade no altera mi tristeza. Acaso la eterniza. ¿Todo muere? ¿Morirá mi dolor? Toda mi vida se me aparece ahora como un ansia frustrada de hermosura. Claro almezo, eleva entre tus ramas plañideras mi corazón callado hasta la luna.
COMENTARIO
Homenaje a Octavio Paz
Dijeron que las nubes duran poco pero nada en el mundo es tan blanco y tan puro.
Las aguas son huidizas ─dijeron despectivos─ mas ¿quién dará el consuelo de una gota de agua?
Delicioso es el canto de los pájaros, de las pequeñas aves sobre todo, en cualquier estación y latitud terrestre… Mas proclamaron tristes aguafiestas que todo ha de morir, que son bellos amores y canciones pero deben morir.
Y yo pensé, inundado por una inesperada y grande luz:
¿Qué nos importa la inmortalidad? Ya solamente amamos lo que muere.
QUERIDA MAR: MÁS COSAS QUE SE OCURREN JUNTO AL ESTANQUE.
Las dos primeras, para abuelas y no-abuelas, madres y no-madres (Che y Meme, por ejemplo). Que en sus trabajos, días y no-días, a todas ellas las ayuden carcajadas de niños y mochuelos.
CARCAJADAS DE MAR Y MUCHOS NIÑOS, MOCHUELO DE OJOS GLAUCOS DE ATENEA Y QUE LA ABUELA SAQUE SUS PESTIÑOS.
La segunda, Mar, no va contra ningún Romeo, de verdad. Es un haiku que salió raro. Pero tú lo entenderás. Con Inés, el domingo pasado leímos el propósito 8º de un escritor para el nuevo año 2010: “Procurar estar cerca de un niño. Son los únicos que enseñan algo. (Más que aquel que los niños se acerquen a mí, el que tiene que acercarse es uno a ellos; los niños tienen cosas más importantes que hacer que acercarse a los adultos)”. Tú ya vas viendo.
QUE TENGAN HIJAS SOLO LAS DIOSAS BLANCAS. NADA DE HIJOS.
Y lo tercero es otro haiku, del siglo pasado. En una ficha, blanca también, leída junto al estanque. Hay que ver, Mar: no podemos recordar nada de aquel mochuelo pero de alguna manera sigue vivo en estas 17 sílabas.
DE AQUEL MOCHUELO ─HAY QUE VER─ SOLO QUEDAN ESTAS PALABRAS.
Estas palabras, Mar, las escribió Franz Kafka ─PACO CASPA, de broma los amigos─. ¿No te parece el comienzo de un cuento? O algo así.
“Se los invitó a optar entre ser reyes o mensajeros de los reyes. Como verdaderos niños, todos quisieron ser mensajeros. Por eso es por lo que no hay más que mensajeros galopando por el mundo y, como no hay rey alguno, se gritan unos a otros sus mensajes que ya no tienen sentido”.
Edición de Roberto Calasso PARA MAYORES.
“Se les ofreció la posibilidad de ser reyes o correos de reyes. A la manera de los niños, todos quisieron ser correos. Por eso es que no hay más que correos, que recorren el mundo y se gritan unos a otros los mensajes sin sentido, a falta de reyes. Con gusto le pondrían fin a sus miserables vidas, pero no se atreven por el juramento que prestaron”.
Con tormenta en La Malagueta. La abuela retiró la ropa del tendedero. El abuelo preparaba las pastillas y dijo: “Llueve, llueve, y Josué con sus problemas”.
Y entonces, esta vez con Che y por el Callejón del Refectorio, pasó en su ayuda volando el mochuelo.
Qué bueno es hablar contigo, Mar. Otro abrazo.
Lo que sigue, Mar, perdona, es más bien PARA MAYORES, Yura incluída. "Pero tú pregunta, pregunta...": eso decía a una niña un señor muy aficionado a contemplar de noche las estrellas, en la película (SUPERNOVA) que pusieron anoche en la 2.
NI ABUELAS NI YAYAS: VIEJAS El País, 11 Jun. 2023 POR SABINA URRACA
LA BLANDA DIVINIZACIÓN DE LOS ANCIANOS ES LA MEJOR TRAMPA PARA NO TOMAR EN SERIO A PERSONAS QUE TIENEN LA EDAD QUE TODOS —CON SUERTE— LLEGAREMOS A TENER. MIS ABUELOS ERAN ADORABLES Y TIRANOS, COMO CUALQUIERA
Mi abuelo me enseñó a nadar sin saber nadar él. Un día lo recordé y escribí la historia en las redes sociales. Enseguida aparecieron comentarios: “Los abuelos son lo mejor”, “Los yayos son la hostia”. O directamente: “Ay, abuelos…”. Se me pusieron los pelos de punta. Era, de alguna forma, como si me robasen la historia y el abuelo. Mi abuelo era una persona, no el integrante de una tribu urbana de características idénticas. A veces era adorable, otras era un tirano, como probablemente lo somos tú y yo.
Quise muchísimo a mis abuelos, pero dulcificarlos me parece injusto para con quienes fueron: personas complejas, llenas de contradicciones, a veces egoístas, otras maravillosas y corrosivamente cómicas, a veces sabias, a veces necias. Como todos. Colocar a los viejos en ese estereotipo de abuelito amable es lo mismo que asegurar que si fuese por las mujeres no habría guerras, o que las personas con diversidad funcional intelectual son ángeles, los niños son todos inocentes, las personas racializadas o de un país que nos suene lo suficientemente ajeno muy nobles (un clásico pretendidamente antirracista que permanece) o los gais muy graciosos. Idealizar a cualquier colectivo bajo una cúpula de amabilidad es echarle mucho azúcar a un brebaje que te sabe raro para poder tragártelo como sea.
Dice Marta D. Riezu en su libro AGUA Y JABÓN (Anagrama, 2022), que el filósofo Gregorio Luri escribió que a los viejos “se les permite ser figuras entrañables, pero no de autoridad”. Es de los pocos referentes que encuentro en los que se relaciona el edadismo (la discriminación por causa de la edad) con un trato forzadamente benévolo.
Si rebuscamos en más ejemplos, nos encontramos con otro agente negativamente englobador: la costumbre extendida de denominar abuelo o abuela a cualquier persona vieja no emparentada con nosotros. A primera vista, esta palabra parece un atajo alegre para evadir el viejo o vieja o el aparatoso personas mayores. Elena del Barrio, investigadora y codirectora de MATIA, fundación sin ánimo de lucro que acompaña a las personas en su proceso de envejecimiento, señala la tendencia a referirse a los viejos como jubilados. “Este tipo de nombres” —dice Elena— “desproveen de identidad, se refieren a las personas en base a su relación con el sistema de producción o la familia”. También señala lo reduccionista del término abuelo: “¿Y cuando la gente no tiene entorno familiar? ¿O cuando no son abuelos? Es como si llamásemos madre a todas las mujeres: una limitación de la identidad”. (...)
(...) Ya imagino hordas de gente dulcísima indignándose: “¿Por qué sería malo decir que los yayos son adorables?”. Cuesta desprenderse de lo malo cuando no lo parece en absoluto (¿cuántos felicitan aún el 8 de marzo como si fuese un alegre carnaval de la feminidad?). Pero esa blanda divinización de los viejos es la mejor trampa inconsciente que usamos para no tomar en serio a personas que tienen una edad que todos —con suerte— llegaremos a tener. Viniendo como venimos de estos años de covid, en los que protocolos de exclusión de varias comunidades españolas provocaron la muerte de tantos viejos, viviendo una crisis sanitaria que los deja inevitablemente de lado, esa dulcificación resulta una burla.
Anna Freixas (autora de YO, VIEJA, CAPITÁN SWING) define su libro como unos “apuntes de supervivencia” o unas “propuestas de resistencia”, y reivindica la palabra vieja. “Lo hago para desestigmatizarla. Queremos sortear una palabra que forma parte de la vida”. Freixas asegura que pronunciarla es el único camino para borrar su estigma negativo.
¿Pero cuál sería la explicación primigenia del edadismo, más allá del capitalismo (no trabajas, no produces, no sirves, y, por tanto, te invalido)? En el estudio de Gerard Quinn e Israel Doron CONTRA LA DISCRIMINACIÓN POR EDAD Y HACIA LA CIUDADANÍA SOCIAL ACTIVA PARA PERSONAS MAYORES se explica que, al contrario de lo que sucede con el sexismo o el racismo, en los que opera la diferencia con respecto al discriminado, en el caso del edadismo nos encontramos con todo lo contrario: un punto muy en común. Todos seremos viejos y moriremos. Pocas cosas hay tan globalizadoras como esta. Quinn y Doron hablan de la TMT (TEORÍA DEL MANEJO DEL TERROR; conceptualizada por los psicólogos sociales Sheldon Solomon, Jeff Greenberg y Tom Pyszczynski), que explica nuestra tendencia a aferrarnos a las ideologías, los valores y la cultura, y rechazar a quienes los desafían en situaciones que nos recuerdan nuestra mortalidad. (...)
(…) Uno de los caminos para el manejo de este terror es el rechazo explícito a los viejos. Se me ocurre que el otro, oculto por un velo denso, podría ser este baño de dulzura que se descalabra hacia la estupidez. Decía el escritor y editor Weldon Penderton en el podcast Resaca que la “payasización” de algunos colectivos percibidos negativamente responde a un sistema de blanqueo. “Simplificando: para dejar de percibirte como un monstruo, te convierten en un payaso”, explica Weldon. Una deshumanización disfrazada de humanización para hacer frente al terror. “El joven teme a esa máquina que va a atraparle, a veces intenta defenderse con adoquines (…)”, dice Simone de Beauvoir en LA VEJEZ (1970, Gallimard). La dulcificación de la vejez es un adoquín lanzado como si fuese una flor regalada el 8 de marzo.
No es esto un reproche, es una llamada a revisarnos también aquí. A ser conscientes de que toda esta dulzura barata es un camino desbrozado para que la persona no-vieja pueda caminar fácilmente. El atajo ideal para no lidiar con la otredad del otro. Idealizar a un individuo adaptándolo al estereotipo clónico que se le ha otorgado es como ese requerimiento de mujer única del que hablaba Lucía Lijtmaer. No es un reproche, repito: es una llamada a una suerte de Orgullo Viejo. De hecho, existe. A raíz de la discriminación edadista que se dio en torno al covid, surgió el movimiento social del antiedadismo, gerontoactivismo o antiageism. Igual que se popularizó el “ponerse las gafas violetas”, visualicemos una suerte de “gafas viejas”, con las que mirar a cada vieja por separado.
Alguna vez he publicado en Instagram un poema que encontré garabateado al dorso de un cuaderno de mi abuela, con las clásicas consecuencias: “Ay, las abuelitas…”. El poema dice así: “El geranio: me gusta por su color y su belleza / La comida: la odio por la lata que me da, pero no podría vivir sin ella / Un muro: tirarlo, saltarlo o cagarme en él”. Mi abuela a veces te trataba como a un geranio. Otras, como a un muro.
HOLA, MAR. La araña, saltando, reapareció en el sofá. Para evitar sus picaduras, tuvimos que matarla con un atijo ('paño de cocina') que luego tiramos a la basura. Pero volveremos al mochuelo y Lucero, y a los cisnes y gansos. Empezando por ti, besos y abrazos a todos.
PARA MAYORES, perdona otra vez, lo mecanografiado en un folio amarillento que de un señor llamado Adorno (MINIMA MORALIA) encontramos antes de ayer tu abuela y yo.
83. VICEPRESIDENTE. ─ (…) La pregunta por la individualidad tiene que plantearse de forma nueva en la época de su liquidación. Cuando el individuo, como todos los procedimientos individualistas de producción, aparece históricamente anticuado y a la zaga de la técnica, le llega de nuevo, en cuanto sentenciado, el momento de decir la verdad frente al vencedor. Pues sólo él conserva, aunque de una manera generalmente distorsionada, la vislumbre de lo que concede su derecho a toda tecnificación y de lo que esta misma no puede a la vez tener conciencia. Como el progreso desatado no se manifiesta inmediatamente idéntico al de la humanidad, lo que se le opone puede dar amparo al progreso. El lápiz y la goma de borrar son más útiles a la pluma y al pensamiento que un equipo de ayudantes. Quienes no deseen entregarse de lleno al individualismo de la producción espiritual ni lanzarse de cabeza al colectivismo de la sustituibilidad igualitaria y despectiva del hombre, están obligados a un trabajo en común libre y solidario bajo una común responsabilidad. Todo lo demás será complicar el espíritu con las formas del comercio y, finalmente, con sus intereses.
84. ─ HORARIO. Pocas cosas distinguen tan profundamente la forma de vida que le correspondería al intelectual de la del burgués como el hecho de que no admita la alternativa entre el trabajo y el placer. El trabajo, que –para ser justo con la realidad– no hace al sujeto del mismo todo el mal que después haga al otro, es placer aun en el esfuerzo más desesperado. La libertad que connota es la misma que la sociedad burguesa solo reserva para el descanso a la vez que, mediante tal reglamentación, la anula. Y a la inversa: para quien sabe de la libertad, todos los placeres que esta sociedad tolera son insoportables, y fuera de su trabajo, que ciertamente incluye lo que los burgueses dejan para el término de la jornada bajo el nombre de «cultura», no puede entregarse a ningún placer sustitutivo. WORK WHILE YOU WORK, PLAY WHILE YOU PLAY. Trabaja mientras trabajas, juega mientras juegas – tal es una de las reglas de la autodisciplina represiva. Los padres para los que las buenas notas que su hijo traía a casa eran una cuestión de prestigio, no podían sufrir que éste se quedara largas horas de la noche leyendo o llegara a lo que ellos entendían como fatigarse mentalmente. Pero por su necedad hablaba el ingenio de su clase. La desde Aristóteles pulimentada doctrina del justo medio como la virtud conforme a la razón, es, junto a otros, un intento de fundamentar la clasificación socialmente necesaria del hombre por funciones independientes entre sí tan firmemente que nadie logre pasar de unas a otras ni acordarse del hombre. Pero es tan difícil imaginarse a Nietzsche sentado hasta las cinco a la mesa de una oficina en cuya antesala la secretaria atiende al teléfono, como jugando al golf cumplido el trabajo del día. Bajo la presión de la sociedad, solo la ingeniosa combinación de trabajo y felicidad puede aun dejar abierto el camino a la autentica experiencia. Ésta cada vez se soporta menos. Incluso las llamadas profesiones intelectuales aparecen completamente desprovistas de placer por su similitud con el negocio. La atomización se abre paso no sólo entre los hombres, sino también dentro del individuo mismo, entre sus esferas vitales. Ninguna satisfacción puede proporcionar un trabajo que encima pierde su modestia funcional en la totalidad de los fines, y ninguna chispa de la reflexión puede producirse durante el tiempo libre, porque de hacerlo podría saltar en el mundo del trabajo y provocar su incendio. Cuando trabajo y esparcimiento se asemejan cada vez más en su estructura, más estrictamente se los separa mediante líneas invisibles de demarcación. De ambos han sido por igual excluidos el placer y el espíritu. En uno como en otro imperan la gravedad animal y la pseudoactividad.
122. ─ MONOGRAMAS. ─ El amor es la capacidad de percibir lo semejante en lo desemejante. ─ Sólo serás amado donde puedas mostrarte débil sin provocar la fuerza.
Hola, Mar. Casi seguro que ya sabes cosas de PLATERO Y YO.
De nuevo vuela para ti el mochuelo viendo desde el aire al YO: Juan Ramón Jiménez, a lomos de su burro, también YO Platero, claro que sí. Jugando con las palabras, tu abuela y yo decimos a veces... “Oscuro que sí”.
Y luego, gracias a Platero, el mochuelo contemplando cómo el “loco” ayuda a una "niña rota y sucia" en el "arroyo grande".
7. EL LOCO
Vestido de luto, con mi barba nazarena y mi breve sombrero negro, debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero. Cuando, yendo a las viñas, cruzo las últimas calles, blancas de cal con sol, los chiquillos gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos verdes, rojos y amarillos, las tensas barrigas tostadas, corren detrás de nosotros, chillando largamente:
–¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!
Delante está el campo, ya verde. Frente al cielo inmenso y puro, de un incendiado añil, mis ojos –¡tan lejos de mis oídos!– se abren noblemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sinfín del horizonte...
Y quedan, allá lejos, por las altas eras, unos agudos gritos, velados finamente, entrecortados, jadeantes, aburridos:
–¡El lo... co! ¡El lo... co!
37. LA CARRETILLA
En el arroyo grande, que la lluvia había dilatado hasta la viña, nos encontramos, atascada, una vieja carretilla, perdida toda bajo su carga de hierba y de naranjas. Una niña, rota y sucia, lloraba sobre una rueda, queriendo ayudar con el empuje de su pechillo en flor al borricuelo, más pequeño, ¡ay!, y más flaco que Platero. Y el borriquillo se despechaba contra el viento, intentando, inútilmente, arrancar del fango la carreta, al grito sollozante de la chiquilla. Era vano su esfuerzo, como el de los niños valientes, como el vuelo de esas brisas cansadas del verano que se caen, en un desmayo, entre las flores.
Acaricié a Platero, y, como pude, lo enganché a la carretilla, delante del borrico miserable. Le obligué, entonces, con un cariñoso imperio, y Platero, de un tirón, sacó carretilla y rucio del atolladero, y les subió la cuesta.
¡Qué sonreír el de la chiquilla! Fue como si el sol de la tarde, que se quebraba, al ponerse entre las nubes de agua, en amarillos cristales, le encendiese una aurora tras sus tiznadas lágrimas.
Con su llorosa alegría, me ofreció dos escogidas naranjas, finas, pesadas, redondas. Las tomé, agradecido, y le di una al borriquillo débil, como dulce consuelo; otra a Platero, como premio áureo.
Quiere seguir Manuel siendo tu abuelo
ResponderEliminaralgunos años más, en primavera;
en calma, frente al mar. Siempre a la espera
de que sabio otra vez vuele el mochuelo.
PARA MAR HERNÁNDEZ y MARÍA JOSÉ
ResponderEliminarAdiós, mochuelo;
por humilde, bonito
siempre tu vuelo.
Nos vemos por Cervantes
mejor que después, antes.
MARÍA JOSÉ BARRIONUEVO
EliminarDel DESCONCIERTO DE LA CATARATA. [Si podemos, Mar, de este cuento ya te escribiremos algo más.]
ResponderEliminarEl río Garaniá y su catarata le han dado un día libre al mochuelo. Así, sobre las 12 (las 11 en el Tomé Cano), desde un ciprés mexicano hoy podrá contemplar a la tortolica Lilina con su pareja y a tres mozuelas, visitando a los abuelos quizá algo menos GUARNÍOS ya.
ÁMBITO DE GUARNÍOS:
Andalucía (España), Extremadura (España), Murcia (España), Palma de Mallorca [y, desde ahora, en Santa Cruz de Tenerife también.]
USO: coloquial
SIGNIFICADO:
Denota un estado de malestar en el individuo, bien por cansancio, enfermedad, depresión o cualquier otra causa distinta, que lo altere de su estado físico, mental o emocional normal y habitual, conservando sin embargo su estado del humor intacto. Sirve por tanto para definir a un enfermo, como a un desfallecido atleta después de una maratón. También es aplicable a objetos y cosas en estado defectuoso, deteriorados o rotos, máquinas averiadas, árboles caídos, o cualquier objeto que haya dejado de estar en su mejor momento, pasando a un estado o condición de peor calidad. Ejemplo: "ESA SILLA ESTÁ GUARNÍA" (esa silla está rota), "RAMÓN NO HA VENIDO, DICE QUE ESTÁ GUARNÍO" (Ramón está enfermo o no se encuentra bien).
https://es.wiktionary.org/wiki/guarn%C3%ADo
Gracias, Mar, por tus dos ORIGINALES. Buenos regalos siempre tus regalos.
ResponderEliminarLA IGUANA DE ROMEO EN SU RINCÓN.
Se deja acariciar todas las púas, con forma de sierra pero sin guerra; a ella solo va para defenderse de sus depredadores: felinos, aves de presa, tejones, gatos, perros… y el propio hombre sobre todo. Romeo y tú / vais sabiendo ya mucho: /… AUXILIO, OCHO.
EL BUEN CANTO DEL PÁJARO EN SU ALAMBRE.
Bien abierto y dibujado su pico: gracias por todo ello. Como las iguanas, algunos pájaros son más bien solitarios. «Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente». Esto escribió SAN JUAN DE LA CRUZ, no pensando desde luego en el mochuelo de mi instituto donde había uno al que oíamos de noche en las clases; su canto era suave también. En un buen tronco, / qué bien posado está, / Mar, tu mochuelo, / con esas cuatro ramas / ya florecidas. Besos.
Hola, Mar:
ResponderEliminarJunto al estanque del Paseo de los Curas esta mañana. Dos días después de San Antonio: trece y martes pasados. Cómo le gustaba este día a tu bisabuela Teresa. Le rezaba a San Antonio y enseguida aparecían todas las cosas perdidas. Leídos, Mar, por tus abuelos los dos poemas de Ricardo Molina. Tórtolas más que palomos en el estanque: Lilinaa. Hoy no funcionaba el surtidor.
Por la tarde nos enteramos de que el río Garaniá le había dado permiso al mochuelo para que volara un buen rato con Che. A ver si así él se olvida de tener que ir río arriba, río abajo, río arriba, río abajo… siempre con miedo a la catarata y al desconcierto.
VIDA CALLADA
De la vida callada de las plantas,
aprendo olvido. Al cielo
alza el almezo sus ramas gimientes
de ruiseñores.
Me detengo un instante. La memoria
se adormece a su sombra. De mi vida
pasada nada quiero, vana imagen
que huye como el agua.
En la tarde otras tardes profundizan
esta hora. El sosiego que me invade
no altera mi tristeza.
Acaso la eterniza. ¿Todo muere?
¿Morirá mi dolor? Toda mi vida
se me aparece ahora como un ansia
frustrada de hermosura.
Claro almezo,
eleva entre tus ramas plañideras
mi corazón callado hasta la luna.
COMENTARIO
Homenaje a Octavio Paz
Dijeron que las nubes duran poco
pero nada en el mundo es tan blanco y tan puro.
Las aguas son huidizas ─dijeron despectivos─
mas ¿quién dará el consuelo de una gota de agua?
Delicioso es el canto de los pájaros,
de las pequeñas aves sobre todo,
en cualquier estación y latitud terrestre…
Mas proclamaron tristes aguafiestas
que todo ha de morir,
que son bellos amores y canciones
pero deben morir.
Y yo pensé, inundado
por una inesperada y grande luz:
¿Qué nos importa la inmortalidad?
Ya solamente amamos lo que muere.
QUERIDA MAR:
ResponderEliminarMÁS COSAS QUE SE OCURREN
JUNTO AL ESTANQUE.
Las dos primeras, para abuelas y no-abuelas, madres y no-madres (Che y Meme, por ejemplo). Que en sus trabajos, días y no-días, a todas ellas las ayuden carcajadas de niños y mochuelos.
CARCAJADAS DE MAR Y MUCHOS NIÑOS,
MOCHUELO DE OJOS GLAUCOS DE ATENEA
Y QUE LA ABUELA SAQUE SUS PESTIÑOS.
La segunda, Mar, no va contra ningún Romeo, de verdad. Es un haiku que salió raro. Pero tú lo entenderás. Con Inés, el domingo pasado leímos el propósito 8º de un escritor para el nuevo año 2010: “Procurar estar cerca de un niño. Son los únicos que enseñan algo. (Más que aquel que los niños se acerquen a mí, el que tiene que acercarse es uno a ellos; los niños tienen cosas más importantes que hacer que acercarse a los adultos)”. Tú ya vas viendo.
QUE TENGAN HIJAS
SOLO LAS DIOSAS BLANCAS.
NADA DE HIJOS.
Y lo tercero es otro haiku, del siglo pasado. En una ficha, blanca también, leída junto al estanque. Hay que ver, Mar: no podemos recordar nada de aquel mochuelo pero de alguna manera sigue vivo en estas 17 sílabas.
DE AQUEL MOCHUELO
─HAY QUE VER─ SOLO QUEDAN
ESTAS PALABRAS.
Estas palabras, Mar, las escribió Franz Kafka ─PACO CASPA, de broma los amigos─.
ResponderEliminar¿No te parece el comienzo de un cuento? O algo así.
“Se los invitó a optar entre ser reyes o mensajeros de los reyes. Como verdaderos niños, todos quisieron ser mensajeros. Por eso es por lo que no hay más que mensajeros galopando por el mundo y, como no hay rey alguno, se gritan unos a otros sus mensajes que ya no tienen sentido”.
Edición de Roberto Calasso PARA MAYORES.
“Se les ofreció la posibilidad de ser reyes o correos de reyes. A la manera de los niños, todos quisieron ser correos. Por eso es que no hay más que correos, que recorren el mundo y se gritan unos a otros los mensajes sin sentido, a falta de reyes. Con gusto le pondrían fin a sus miserables vidas, pero no se atreven por el juramento que prestaron”.
Buenos días Mar, Miguel, Ana…
ResponderEliminarCon tormenta en La Malagueta. La abuela retiró la ropa del tendedero. El abuelo preparaba las pastillas y dijo: “Llueve, llueve, y Josué con sus problemas”.
Y entonces, esta vez con Che y por el Callejón del Refectorio, pasó en su ayuda volando el mochuelo.
Qué bueno es hablar contigo, Mar.
Otro abrazo.
Lo que sigue, Mar, perdona, es más bien PARA MAYORES, Yura incluída. "Pero tú pregunta, pregunta...": eso decía a una niña un señor muy aficionado a contemplar de noche las estrellas, en la película (SUPERNOVA) que pusieron anoche en la 2.
NI ABUELAS NI YAYAS: VIEJAS
El País, 11 Jun. 2023
POR SABINA URRACA
LA BLANDA DIVINIZACIÓN DE LOS ANCIANOS ES LA MEJOR TRAMPA PARA NO TOMAR EN SERIO A PERSONAS QUE TIENEN LA EDAD QUE TODOS —CON SUERTE— LLEGAREMOS A TENER. MIS ABUELOS ERAN ADORABLES Y TIRANOS, COMO CUALQUIERA
Mi abuelo me enseñó a nadar sin saber nadar él. Un día lo recordé y escribí la historia en las redes sociales. Enseguida aparecieron comentarios: “Los abuelos son lo mejor”, “Los yayos son la hostia”. O directamente: “Ay, abuelos…”. Se me pusieron los pelos de punta. Era, de alguna forma, como si me robasen la historia y el abuelo. Mi abuelo era una persona, no el integrante de una tribu urbana de características idénticas. A veces era adorable, otras era un tirano, como probablemente lo somos tú y yo.
Quise muchísimo a mis abuelos, pero dulcificarlos me parece injusto para con quienes fueron: personas complejas, llenas de contradicciones, a veces egoístas, otras maravillosas y corrosivamente cómicas, a veces sabias, a veces necias. Como todos. Colocar a los viejos en ese estereotipo de abuelito amable es lo mismo que asegurar que si fuese por las mujeres no habría guerras, o que las personas con diversidad funcional intelectual son ángeles, los niños son todos inocentes, las personas racializadas o de un país que nos suene lo suficientemente ajeno muy nobles (un clásico pretendidamente antirracista que permanece) o los gais muy graciosos. Idealizar a cualquier colectivo bajo una cúpula de amabilidad es echarle mucho azúcar a un brebaje que te sabe raro para poder tragártelo como sea.
Dice Marta D. Riezu en su libro AGUA Y JABÓN (Anagrama, 2022), que el filósofo Gregorio Luri escribió que a los viejos “se les permite ser figuras entrañables, pero no de autoridad”. Es de los pocos referentes que encuentro en los que se relaciona el edadismo (la discriminación por causa de la edad) con un trato forzadamente benévolo.
Si rebuscamos en más ejemplos, nos encontramos con otro agente negativamente englobador: la costumbre extendida de denominar abuelo o abuela a cualquier persona vieja no emparentada con nosotros. A primera vista, esta palabra parece un atajo alegre para evadir el viejo o vieja o el aparatoso personas mayores. Elena del Barrio, investigadora y codirectora de MATIA, fundación sin ánimo de lucro que acompaña a las personas en su proceso de envejecimiento, señala la tendencia a referirse a los viejos como jubilados. “Este tipo de nombres” —dice Elena— “desproveen de identidad, se refieren a las personas en base a su relación con el sistema de producción o la familia”. También señala lo reduccionista del término abuelo: “¿Y cuando la gente no tiene entorno familiar? ¿O cuando no son abuelos? Es como si llamásemos madre a todas las mujeres: una limitación de la identidad”. (...)
(...) Ya imagino hordas de gente dulcísima indignándose: “¿Por qué sería malo decir que los yayos son adorables?”. Cuesta desprenderse de lo malo cuando no lo parece en absoluto (¿cuántos felicitan aún el 8 de marzo como si fuese un alegre carnaval de la feminidad?). Pero esa blanda divinización de los viejos es la mejor trampa inconsciente que usamos para no tomar en serio a personas que tienen una edad que todos —con suerte— llegaremos a tener. Viniendo como venimos de estos años de covid, en los que protocolos de exclusión de varias comunidades españolas provocaron la muerte de tantos viejos, viviendo una crisis sanitaria que los deja inevitablemente de lado, esa dulcificación resulta una burla.
ResponderEliminarAnna Freixas (autora de YO, VIEJA, CAPITÁN SWING) define su libro como unos “apuntes de supervivencia” o unas “propuestas de resistencia”, y reivindica la palabra vieja. “Lo hago para desestigmatizarla. Queremos sortear una palabra que forma parte de la vida”. Freixas asegura que pronunciarla es el único camino para borrar su estigma negativo.
¿Pero cuál sería la explicación primigenia del edadismo, más allá del capitalismo (no trabajas, no produces, no sirves, y, por tanto, te invalido)? En el estudio de Gerard Quinn e Israel Doron CONTRA LA DISCRIMINACIÓN POR EDAD Y HACIA LA CIUDADANÍA SOCIAL ACTIVA PARA PERSONAS MAYORES se explica que, al contrario de lo que sucede con el sexismo o el racismo, en los que opera la diferencia con respecto al discriminado, en el caso del edadismo nos encontramos con todo lo contrario: un punto muy en común. Todos seremos viejos y moriremos. Pocas cosas hay tan globalizadoras como esta. Quinn y Doron hablan de la TMT (TEORÍA DEL MANEJO DEL TERROR; conceptualizada por los psicólogos sociales Sheldon Solomon, Jeff Greenberg y Tom Pyszczynski), que explica nuestra tendencia a aferrarnos a las ideologías, los valores y la cultura, y rechazar a quienes los desafían en situaciones que nos recuerdan nuestra mortalidad. (...)
(…) Uno de los caminos para el manejo de este terror es el rechazo explícito a los viejos. Se me ocurre que el otro, oculto por un velo denso, podría ser este baño de dulzura que se descalabra hacia la estupidez. Decía el escritor y editor Weldon Penderton en el podcast Resaca que la “payasización” de algunos colectivos percibidos negativamente responde a un sistema de blanqueo. “Simplificando: para dejar de percibirte como un monstruo, te convierten en un payaso”, explica Weldon. Una deshumanización disfrazada de humanización para hacer frente al terror. “El joven teme a esa máquina que va a atraparle, a veces intenta defenderse con adoquines (…)”, dice Simone de Beauvoir en LA VEJEZ (1970, Gallimard). La dulcificación de la vejez es un adoquín lanzado como si fuese una flor regalada el 8 de marzo.
ResponderEliminarNo es esto un reproche, es una llamada a revisarnos también aquí. A ser conscientes de que toda esta dulzura barata es un camino desbrozado para que la persona no-vieja pueda caminar fácilmente. El atajo ideal para no lidiar con la otredad del otro. Idealizar a un individuo adaptándolo al estereotipo clónico que se le ha otorgado es como ese requerimiento de mujer única del que hablaba Lucía Lijtmaer. No es un reproche, repito: es una llamada a una suerte de Orgullo Viejo. De hecho, existe. A raíz de la discriminación edadista que se dio en torno al covid, surgió el movimiento social del antiedadismo, gerontoactivismo o antiageism. Igual que se popularizó el “ponerse las gafas violetas”, visualicemos una suerte de “gafas viejas”, con las que mirar a cada vieja por separado.
Alguna vez he publicado en Instagram un poema que encontré garabateado al dorso de un cuaderno de mi abuela, con las clásicas consecuencias: “Ay, las abuelitas…”. El poema dice así: “El geranio: me gusta por su color y su belleza / La comida: la odio por la lata que me da, pero no podría vivir sin ella / Un muro: tirarlo, saltarlo o cagarme en él”. Mi abuela a veces te trataba como a un geranio. Otras, como a un muro.
GRACIAS A LA DOS POR VUESTROS ÚLTIMOS CORREOS.
HOLA, MAR. La araña, saltando, reapareció en el sofá. Para evitar sus picaduras, tuvimos que matarla con un atijo ('paño de cocina') que luego tiramos a la basura. Pero volveremos al mochuelo y Lucero, y a los cisnes y gansos. Empezando por ti, besos y abrazos a todos.
ResponderEliminarPARA MAYORES, perdona otra vez, lo mecanografiado en un folio amarillento que de un señor llamado Adorno (MINIMA MORALIA) encontramos antes de ayer tu abuela y yo.
83. VICEPRESIDENTE. ─ (…) La pregunta por la individualidad tiene que plantearse de forma nueva en la época de su liquidación. Cuando el individuo, como todos los procedimientos individualistas de producción, aparece históricamente anticuado y a la zaga de la técnica, le llega de nuevo, en cuanto sentenciado, el momento de decir la verdad frente al vencedor. Pues sólo él conserva, aunque de una manera generalmente distorsionada, la vislumbre de lo que concede su derecho a toda tecnificación y de lo que esta misma no puede a la vez tener conciencia. Como el progreso desatado no se manifiesta inmediatamente idéntico al de la humanidad, lo que se le opone puede dar amparo al progreso. El lápiz y la goma de borrar son más útiles a la pluma y al pensamiento que un equipo de ayudantes. Quienes no deseen entregarse de lleno al individualismo de la producción espiritual ni lanzarse de cabeza al colectivismo de la sustituibilidad igualitaria y despectiva del hombre, están obligados a un trabajo en común libre y solidario bajo una común responsabilidad. Todo lo demás será complicar el espíritu con las formas del comercio y, finalmente, con sus intereses.
84. ─ HORARIO. Pocas cosas distinguen tan profundamente la forma de vida que le correspondería al intelectual de la del burgués como el hecho de que no admita la alternativa entre el trabajo y el placer. El trabajo, que –para ser justo con la realidad– no hace al sujeto del mismo todo el mal que después haga al otro, es placer aun en el esfuerzo más desesperado. La libertad que connota es la misma que la sociedad burguesa solo reserva para el descanso a la vez que, mediante tal reglamentación, la anula. Y a la inversa: para quien sabe de la libertad, todos los placeres que esta sociedad tolera son insoportables, y fuera de su trabajo, que ciertamente incluye lo que los burgueses dejan para el término de la jornada bajo el nombre de «cultura», no puede entregarse a ningún placer sustitutivo. WORK WHILE YOU WORK, PLAY WHILE YOU PLAY. Trabaja mientras trabajas, juega mientras juegas – tal es una de las reglas de la autodisciplina represiva. Los padres para los que las buenas notas que su hijo traía a casa eran una cuestión de prestigio, no podían sufrir que éste se quedara largas horas de la noche leyendo o llegara a lo que ellos entendían como fatigarse mentalmente. Pero por su necedad hablaba el ingenio de su clase. La desde Aristóteles pulimentada doctrina del justo medio como la virtud conforme a la razón, es, junto a otros, un intento de fundamentar la clasificación socialmente necesaria del hombre por funciones independientes entre sí tan firmemente que nadie logre pasar de unas a otras ni acordarse del hombre. Pero es tan difícil imaginarse a Nietzsche sentado hasta las cinco a la mesa de una oficina en cuya antesala la secretaria atiende al teléfono, como jugando al golf cumplido el trabajo del día. Bajo la presión de la sociedad, solo la ingeniosa combinación de trabajo y felicidad puede aun dejar abierto el camino a la autentica experiencia. Ésta cada vez se soporta menos. Incluso las llamadas profesiones intelectuales aparecen completamente desprovistas de placer por su similitud con el negocio. La atomización se abre paso no sólo entre los hombres, sino también dentro del individuo mismo, entre sus esferas vitales. Ninguna satisfacción puede proporcionar un trabajo que encima pierde su modestia funcional en la totalidad de los fines, y ninguna chispa de la reflexión puede producirse durante el tiempo libre, porque de hacerlo podría saltar en el mundo del trabajo y provocar su incendio. Cuando trabajo y esparcimiento se asemejan cada vez más en su estructura, más estrictamente se los separa mediante líneas invisibles de demarcación. De ambos han sido por igual excluidos el placer y el espíritu. En uno como en otro imperan la gravedad animal y la pseudoactividad.
ResponderEliminar122. ─ MONOGRAMAS. ─ El amor es la capacidad de percibir lo semejante en lo desemejante.
─ Sólo serás amado donde puedas mostrarte débil sin provocar la fuerza.
Hola, Mar. Casi seguro que ya sabes cosas de PLATERO Y YO.
ResponderEliminarDe nuevo vuela para ti el mochuelo viendo desde el aire al YO: Juan Ramón Jiménez, a lomos de su burro, también YO Platero, claro que sí. Jugando con las palabras, tu abuela y yo decimos a veces... “Oscuro que sí”.
Y luego, gracias a Platero, el mochuelo contemplando cómo el “loco” ayuda a una "niña rota y sucia" en el "arroyo grande".
7. EL LOCO
Vestido de luto, con mi barba nazarena y mi breve sombrero negro, debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero. Cuando, yendo a las viñas, cruzo las últimas calles, blancas de cal con sol, los chiquillos gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos verdes, rojos y amarillos, las tensas barrigas tostadas, corren detrás de nosotros, chillando largamente:
–¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!
Delante está el campo, ya verde. Frente al cielo inmenso y puro, de un incendiado añil, mis ojos –¡tan lejos de mis oídos!– se abren noblemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sinfín del horizonte...
Y quedan, allá lejos, por las altas eras, unos agudos gritos, velados finamente, entrecortados, jadeantes, aburridos:
–¡El lo... co! ¡El lo... co!
37. LA CARRETILLA
En el arroyo grande, que la lluvia había dilatado hasta la viña, nos encontramos, atascada, una vieja carretilla, perdida toda bajo su carga de hierba y de naranjas. Una niña, rota y sucia, lloraba sobre una rueda, queriendo ayudar con el empuje de su pechillo en flor al borricuelo, más pequeño, ¡ay!, y más flaco que Platero. Y el borriquillo se despechaba contra el viento, intentando, inútilmente, arrancar del fango la carreta, al grito sollozante de la chiquilla. Era vano su esfuerzo, como el de los niños valientes, como el vuelo de esas brisas cansadas del verano que se caen, en un desmayo, entre las flores.
Acaricié a Platero, y, como pude, lo enganché a la carretilla, delante del borrico miserable. Le obligué, entonces, con un cariñoso imperio, y Platero, de un tirón, sacó carretilla y rucio del atolladero, y les subió la cuesta.
¡Qué sonreír el de la chiquilla! Fue como si el sol de la tarde, que se quebraba, al ponerse entre las nubes de agua, en amarillos cristales, le encendiese una aurora tras sus tiznadas lágrimas.
Con su llorosa alegría, me ofreció dos escogidas naranjas, finas, pesadas, redondas. Las tomé, agradecido, y le di una al borriquillo débil, como dulce consuelo; otra a Platero, como premio áureo.
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ResponderEliminarPara Che y Mar
ResponderEliminarA VENCEJINA
LE GUSTAN EL MOCHUELO
Y JOSEFINA.
PARA CHE Y MAR
ResponderEliminar“El mundo cabe
en 17 sílabas”.
Tú sí lo sabes.
“TIRAO TIRAO estaba;
y ahora, más todavía”.