Un blog para guardar parte de la infinita imaginación de Mar
Perdón, Mar. Y gracias, Candelaria.
Muy buenos, Mar, tus cuatro dibujos.Al tercero, por el enfado, se le cayeron los brazos.
─Hay que matar al padre y al abuelo ─dijo Marita en el ascensor.─¡Benditos sean los dioses del Olimpo! ─un peatón que pasaba por la calle.
─Adiós, abuelo ─dijo Maremoto. Dentro de la maleta la oyó Manolo y sonrió.
Perdón, Mar. Y gracias, Candelaria.
ResponderEliminarMuy buenos, Mar, tus cuatro dibujos.
ResponderEliminarAl tercero, por el enfado, se le cayeron los brazos.
─Hay que matar al padre y al abuelo ─dijo Marita en el ascensor.
ResponderEliminar─¡Benditos sean los dioses del Olimpo! ─un peatón que pasaba por la calle.
─Adiós, abuelo ─dijo Maremoto. Dentro de la maleta la oyó Manolo y sonrió.
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