Sonaba duchándome ayer. Un cuento que puedes leer.
Una hija tiene el rey una hija regalada su padre por más valor un castillo la fraguara. Ventanita alrededor por donde el aire la entrara; por una le entrara el sol y el aire de la mañana. Por la más chiquita de ellas le entra un gavilán y sale con las sus alas abiertas y no le hace ningún male. Bordando está un camisón para el hijo de la reina; bordándole está con oro labrándole está con seda. Y entre puntada y puntada un aljófar y una perla; ¿por qué no cantáis, mi bien? ¿Por qué no cantáis, la bella? Ni canto, ni cantaré, que mi amor está en la guerra, y una carta escribiré, de mi puño y de mi letra. Que me traigan a mi amor sano, vivo y sin cadenas y si no me lo trajeren yo armaré una grande guerra; de navíos por el mar de gente armada por tierra; si no hubieren velas pronto, mis lindas trenzas pusiera, si no hubieren remos pronto mis lindos brazos pusiera, si no hubiere capitán yo me pondré a la bandera. Para que diga la gente: Viva, viva esta doncella que por salvar a su amor se echó ella a la tormenta.
Qué bien cantáis y bailáis las bellas. Como el agua es la mujer, y no como hija del rey. En tierras con frío o sin frío, calma y paz cada vez más. Ojalá, Mar.
«La carta de Teresa dio inmediato fruto. Ana de Jesús le pidió que fuera confesor del convento. En adelante, cada sábado Juan partiría a pie hacia Beas, vestido con su viejo hábito de tosco sayal. La distancia era de algo más de dos leguas. Tras un poco de subida, seguía la cresta de un cerro donde, por entre los pinos, se divisaban las altas montañas, y luego descendía por un sendero que serpenteaba hasta el valle. El mismo día empezaba a confesar a las monjas, y el domingo seguía; se sentaba en una silla que todavía se conserva y ellas se arrodillaban a sus pies. Como prescribía la regla, tanto el fraile que lo acompañaba como otra hermana se quedaban allí cerca, aunque sin poder oír, y naturalmente las hermanas iban cubiertas de un tupido velo de modo que él no pudiese ver sus rostros. Concedía a cada una un tiempo bastante prolongado, pues él se consideraba más un director espiritual que un confesor, y hablaba son amabilidad si bien, cuando la ocasión lo requería, también podía ser severo. Trataba de igual modo a cada hermana, sin mostrar ningún favoritismo, y rechazaba los pequeños regalos que era costumbre ofrecer a los confesores. Después, en el locutorio, leía pasajes de los Evangelios, haciendo comentarios que las llenaban de entusiasmo, pues si bien no gustaba de la retórica ni era predicador elocuente, hablaba con gran lucidez y fuerza de convicción.
Se han conservado varias anécdotas acerca de su conversación. Una de las monjas, una muchacha sencilla llamada Catalina, que hacía de cocinera, le preguntó en una ocasión por qué cuando ella pasaba junto al estanque del jardín, las ranas que estaban sentadas en el borde se zambullían en el agua y se ocultaban. Fray Juan replicó que era el lugar en que se sentían más seguras. Tan solo allí podían defenderse y estar a salvo. Y así había de hacer ella, continuó diciéndole; huir de las criaturas y zambullirse en lo hondo y centro, que es Dios, escondiéndose en él. Muchos años después, en una carta a la priora, Juan le envió el siguiente mensaje: “Y nuestra hermana Catalina, que se esconda y vaya a lo hondo.”»
Para Mar y su abuela, mi adamor.
ResponderEliminarhttps://funjdiaz.net/joaquin-diaz-canciones-ficha.php?id=554
Sonaba duchándome ayer. Un cuento que puedes leer.
Una hija tiene el rey
una hija regalada
su padre por más valor
un castillo la fraguara.
Ventanita alrededor
por donde el aire la entrara;
por una le entrara el sol
y el aire de la mañana.
Por la más chiquita de ellas
le entra un gavilán y sale
con las sus alas abiertas
y no le hace ningún male.
Bordando está un camisón
para el hijo de la reina;
bordándole está con oro
labrándole está con seda.
Y entre puntada y puntada
un aljófar y una perla;
¿por qué no cantáis, mi bien?
¿Por qué no cantáis, la bella?
Ni canto, ni cantaré,
que mi amor está en la guerra,
y una carta escribiré,
de mi puño y de mi letra.
Que me traigan a mi amor
sano, vivo y sin cadenas
y si no me lo trajeren
yo armaré una grande guerra;
de navíos por el mar
de gente armada por tierra;
si no hubieren velas pronto,
mis lindas trenzas pusiera,
si no hubieren remos pronto
mis lindos brazos pusiera,
si no hubiere capitán
yo me pondré a la bandera.
Para que diga la gente:
Viva, viva esta doncella
que por salvar a su amor
se echó ella a la tormenta.
Qué bien cantáis y bailáis las bellas. Como el agua es la mujer, y no como hija del rey. En tierras con frío o sin frío, calma y paz cada vez más. Ojalá, Mar.
PARA MAR CUANDO SEA ADOLESCENTE
EliminarNunca LA HIJA DEL REY;
en todo caso, DE DIOS:
Como agua es la mujer.
LA NOCHE OSCURA
POSTURA DE LA RANA
AH COMPAÑERO
Mujer-rana algo tarántula
se nos convirtió este lunes
en noche oscura del alma.
Para atrás se echó la rana
Eliminary entonces el alquitrán
se convirtió en agua clara.
EL DELANTAL
EliminarDE MAR LA MARIPOSA
QUE MUEVE AL MUNDO
UN BUEN ROMEO
ResponderEliminarPIDE ESE ZARANDEO
Y NO UN SAPO FEO
Un buen Romeo
Eliminarclama ese zarandeo,
no un sapo feo.
El zarandeo
del delantal de Mar:
NO AL SAPO FEO.
PARA ANA Y MAR SI FUERA NECESARIO.
ResponderEliminar«La carta de Teresa dio inmediato fruto. Ana de Jesús le pidió que fuera confesor del convento. En adelante, cada sábado Juan partiría a pie hacia Beas, vestido con su viejo hábito de tosco sayal. La distancia era de algo más de dos leguas. Tras un poco de subida, seguía la cresta de un cerro donde, por entre los pinos, se divisaban las altas montañas, y luego descendía por un sendero que serpenteaba hasta el valle. El mismo día empezaba a confesar a las monjas, y el domingo seguía; se sentaba en una silla que todavía se conserva y ellas se arrodillaban a sus pies. Como prescribía la regla, tanto el fraile que lo acompañaba como otra hermana se quedaban allí cerca, aunque sin poder oír, y naturalmente las hermanas iban cubiertas de un tupido velo de modo que él no pudiese ver sus rostros. Concedía a cada una un tiempo bastante prolongado, pues él se consideraba más un director espiritual que un confesor, y hablaba son amabilidad si bien, cuando la ocasión lo requería, también podía ser severo. Trataba de igual modo a cada hermana, sin mostrar ningún favoritismo, y rechazaba los pequeños regalos que era costumbre ofrecer a los confesores. Después, en el locutorio, leía pasajes de los Evangelios, haciendo comentarios que las llenaban de entusiasmo, pues si bien no gustaba de la retórica ni era predicador elocuente, hablaba con gran lucidez y fuerza de convicción.
Se han conservado varias anécdotas acerca de su conversación. Una de las monjas, una muchacha sencilla llamada Catalina, que hacía de cocinera, le preguntó en una ocasión por qué cuando ella pasaba junto al estanque del jardín, las ranas que estaban sentadas en el borde se zambullían en el agua y se ocultaban. Fray Juan replicó que era el lugar en que se sentían más seguras. Tan solo allí podían defenderse y estar a salvo. Y así había de hacer ella, continuó diciéndole; huir de las criaturas y zambullirse en lo hondo y centro, que es Dios, escondiéndose en él. Muchos años después, en una carta a la priora, Juan le envió el siguiente mensaje: “Y nuestra hermana Catalina, que se esconda y vaya a lo hondo.”»
A LA ESPERA DE ANTONIO HEREDIA ARMADA