lunes, 23 de diciembre de 2024

Pájaro


 

64 comentarios:

  1. PARA EL JUEGO DEL TELÉFONO, MAR, EN TARDEBUENA

    Federico Cocolorca, Federico Cocolorca, duérmete Cocoloco, duérmete.

    Cerca de un oasis, una foca de bigotes despeinados canta MON BEAU CHAPIN, y luego baila entre las dunas el DANUBIO AZUL.

    Pavo real y pato algo desplumados suben al Teide a ver la nieve en patineta también azul.

    La pantera rosa de amarillos ojos y bigote blanco, entre cojines y estacas-lápiz siempre serena, también en Navidad.

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    1. Tu estaca-lápiz, Mar, no sale del coche, pero sigue matando vampiros sin descanso.

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    2. Es verdad, Mar, cree a tu abuelo. No va a ser necesario contratar a Harry Potter.

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  2. Hola, Mar:

    En la despedida del día 24, fiesta de San JUAN K. (Ana lo sabía), tu abuela recitó una coplilla que suele pasar por anónima, pero es de Rafael Montesinos, un poeta sevillano.

    “Que nadie se llame a engaño:
    todo el que vive por dentro,
    por dentro se va matando.”

    Había que cambiar MATANDO por otra palabra. Tú en seguida dijiste: CANTANDO; tu abuela, SALVANDO y mamá, VIENE A SER LO MISMO.

    Entre las cuatro coplas finales aparece aquí:

    https://www.horizonteflamenco.com/esa-letra

    “Solamente con mirarte
    comprenderás que te quiero,
    y también comprenderás
    que quiero hablarte y no puedo.

    Que nadie se llame a engaño:
    todo el que vive por dentro
    por dentro se va matando.

    Para rey nació David;
    para sabio, Salomón;
    para llorar Jeremías,
    y para quererte yo.

    Tuve un momento en la noche
    que la muerte apetecía;
    si Dios no me la mandaba
    no me la merecería.”

    Italiano, japonés, flamenco, francés, baile, danza, cante… Tó palante.

    Otra cosa. Supimos ayer que el señor Steinbeck, para todas las Mares y los mares, escribió con amor y humor lo siguiente:

    "En nuestra época una barba es la única cosa que una mujer no puede hacer mejor que un hombre." (VIAJES CON CHARLEY EN BUSCA DE AMÉRICA", 1962 + Frases de BARBA + Pensamientos de "VIAJES CON CHARLEY EN BUSCA DE AMÉRICA").

    Feliz día de San Esteban, Mar,
    Feliz día de San Esteban, Miguel
    Feliz día de San Esteban, Ana.

    Muchos besos a todos.

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  3. No fue mal día
    hoy, Mar, San Juan Bautista.
    Junto al burrito.

    RUISEÑORES PARA MAR

    Cuando el ruiseñor, en el follaje,
    da, pide y recibe amor,
    e inicia gozando, su canto de alegría,
    y contempla a menudo a su pareja,
    y los ríos son claros y los prados son gentiles,
    por el nuevo placer que reina,
    gran júbilo viene a aposentarse en el corazón.

    QUAN LO ROSSINHOLS EL FOLHOS, de Jaufré Rudel, trovador del siglo XII que se alistó en la 5ª Cruzada. La primera de sus seis coplas que ya te leímos aquí el día 23. En su catalán natal:

    QUAN LO ROSSINHOLS EL FOLHOS
    DONA D’AMOR E·N QUIER E·N PREN
    E MOU SON CHAN JAUZENT JOYOS
    E REMIRA SA PAR SOVEN
    E·L RIU SON CLAR E·L PRAT SON GEN
    PEL NOVEL DEPORT QUE RENHA,
    MI VEN AL COR GRANS JOYS JAZER.

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  4. ¿DEL LÁPIZ QUE NO QUERÍA SER ESTACA?

    10 historias, Mar. Diez.

    De dos libros. Las ocho primeras, de HISTORIA DE UN LÁPIZ. Leímos algunas el día 23, que una vez se hizo 24. El pavo real se repite mucho.

    Las dos últimas, de DE RATONES Y HOMBRES.

    «Relato de un niño: “Ayer había un pavo real casi a mi lado”.

    En realidad, al final sólo puedo y debo emplear las palabras de la infancia –desde luego, no sus frases–, y también sólo las palabras del paisaje de la infancia.

    Los ojos del bebé en el coche / la lengua del perro sobre el regazo de la mujer / la mano de la mujer sobre los ojos: relatar con cosas. Pero para hacerlo tengo primero que merecer las cosas, mediante la vida sedentaria. Tengo que hacerme, por derecho, dueño de las cosas.

    Al terminar el año escolar los niños salen corriendo de la iglesia, algunos descalzos. El mal aún les espera –¿no puede cambiar esto?–. “Damos las gracias a los maestros que no han perdido la paciencia durante todo este año.”

    El modo enternecedor con que los niños cogen la cosas, un panecillo o incluso unas simples gafas de sol.

    Los dedos de un niño asomando por la ventanilla de un coche en marcha, bajo la lluvia: esos dedos fueron por un momento aquel deseo de una medida entre el Cielo y la Tierra, la medida celestial.

    Muchas veces no consigo mantener la incesante mirada de los niños. Algunos no lo consiguen nunca, y los niños les dan la espalda con desprecio.

    “ERA UNA MIRADA DE RESIGNACIÓN... UNA MIRADA DE UNA DEBILIDAD Y UNA INOCENCIA INSOPORTABLES.” (Emmanuel Bove, sobre un niño agonizante.)

    ¿Por qué te gustan tanto los conejos? (...) Me gusta acariciarlos. Una vez en una feria vi unos de ésos con el pelo muy largo. Y eran bonitos, sí señor. A veces acaricio ratones, pero sólo cuando no consigo algo mejor.

    Al cabo de un momento el perro viejo entró renqueando por la puerta. Miró a su alrededor con ojos dulces, semiciegos. Husmeó, luego se tendió y puso la cabeza entre las patas.»

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  5. Hola, Mar:

    Estas palabras las escribió un señor del que hablamos junto al burrito. Si no las lees ahora, podrá ser más adelante.

    Te recordamos mucho.

    «14 DE ENERO

    Domingo por la mañana: acabo de oír en la radio un sermón sobre los niños y la muerte, en el que citaban fragmentos de cartas sobre todo de niñas (de unos diez años) enfermas, o palabras de niños a punto de morir, o niñas más bien, pues siempre se trata de niñas. Al terminar, el cura casi sollozaba, y yo he estado a punto de llorar...

    P.S.: Pues he llorado. No conozco nada más desgarrador que las últimas palabras de un niño. Ese cura ha citado algunas, que me han conmovido profundamente. Este tipo de patetismo es seguramente facilón, pero, ¡qué importa!

    Nunca olvidaré la emoción que sentí, hace mucho tiempo, cuando leí en Barrès la “anécdota” siguiente: un niño (siete, ocho años) enfermo, se había encerrado en un completo mutismo. Lo velaba su padre. Un día, el niño rompió el silencio para decir sólo estas palabras y qué palabras. “Papá, me aburre morirme”.»

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  6. Hoy, San Raúl.
    En aquella terraza
    con su baúl.

    Ni del 1, ni del 2, Avenida del 3 de mayo.

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  7. De Jorge Guillén, Mar.
    Valladolid, 1893 - Málaga, 1984.

    EPIFANÍA

    Llegan al portal los Mayores,
    Melchor, Gaspar y Baltasar,
    se inclinan con sus esplendores
    y al Niño adoran sin cantar.

    Dios no es rey ni parece rey,
    Dios no es suntuoso ni rico.
    Dios lleva en sí la humana grey
    y todo su inmenso acerico.

    El cielo estrellado gravita
    sobre Belén, y ese portal
    a todos los hombres da cita
    por invitación fraternal.

    Dios está de nueva manera,
    y viene a familia de obrero,
    sindicato de la madera.
    El humilde es el verdadero.

    Junto al borrico, junto al buey,
    la criatura desvalida
    dice en silencio: No soy rey,
    soy camino, verdad y vida.

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  8. Besos a Mar pasando tan bien su miércoles en el Tomé Cano.

    Besos y con ayuda de internet, los dos anagramas de TOMECANO:

    ENCAMOTO (Japón),
    y MOCETONA (o sea, tú).

    Hoy se encuentran tus abuelos,
    por ser SAN SEVERINO,
    más ligeros que severos.

    Fuimos, pues, al final del libro de Charlot sobre su propia vida. Ha recibido carta de su amiga Edna que está en un hospital, enferma pero animosa por escribirle a un amigo. De ahí que le cuente un buen chiste neoyorkino: salen y no salen elefantes; te hará gracia.

    « 13 de noviembre de 1956

    "Querido Charlie:

    Aquí estoy otra vez con el corazón rebosante de gratitud, y también otra vez en el hospital (CEDROS DEL LÍBANO), sometida a un tratamiento de rayos X, de cobalto, en el cuello. ¡Después de esto no puede existir en infierno! Lo llevo dentro con sólo mover el dedo meñique. Sin embargo, es el mejor tratamiento que se conoce para el mal que me aqueja. Espero volver a casa a fines de semana, y entonces podré ser una enferma externa (¡qué maravilla!). Afortunadamente, el resto está O.K., ya que esto es, según dicen ellos, pura y simplemente local.

    Lo cual me recuerda a aquel individuo que estaba en la esquina de la calle Siete con Broadway rompiendo un papel en trocitos y arrojándolos al aire. Pasó un policía y le preguntó qué hacía. A lo cual contestó: ”Pues, sencillamente, alejando los elefantes.” Y el otro le dijo: “¡Si no hay elefantes en este barrio!” Y el fulano replicó: “¿Ve usted? Está dando resultado.”
    Éste es mi cuento idiota de hoy, perdóname.

    Espero que tú y tu familia estéis bien y disfrutando de todo lo que has ganado trabajando.

    Te quiere siempre, Edna."

    Poco después de recibir esta carta murió Edna. Así se rejuvenece el mundo. Y la juventud se adueña de él. Y nosotros, los que hemos vivido un poco más, nos sentimos cada vez más solos a medida que proseguimos nuestro camino.

    Con esto voy a acabar esta Odisea mía. Me doy cuenta de que el tiempo y las circunstancias me han favorecido. He sido mimado por el afecto del mundo, amado y odiado. Sí, el mundo me ha dado lo mejor de él y poco de lo peor que contiene. (...) Creo que la fortuna y la mala suerte se amontonan sobre uno, como las nubes. Sabiendo esto, nunca me han impresionado en demasía las cosas malas y me han sorprendido gratamente las buenas. No tengo ni un plan de vida ni ninguna filosofía, ya que, sabios o locos, todos tenemos que luchar con la vida. Titubeo entre contradicciones; a veces las cosas nimias me molestan y las catástrofes me dejan indiferente. (...)

    A veces me siento en nuestra terraza, a la puesta del sol, y contemplo el amplio jardín, con el lago a lo lejos, y más allá del lago veo las tranquilizadoras montañas, y en esta disposición de ánimo no pienso en nada y gozo de su magnífica serenidad. »

    [FIN DEL LIBRO]

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    1. DE AYER

      Se encuentran hoy tus abuelos,
      día de SAN SEVERINO,
      más ligeros que severos.

      HOY, algo de Elías CANETTI (en realidad, CAÑETE), un escritor con apellido judeo-español a la italiana, Mar.

      « “Uno se duerme”, le dice él a la niña, “pero no vuelve a despertarse”. “Yo siempre me despierto”, dice la niña muy contenta.»

      QUIÉN SERÍA ÉL, ¿EL PROPIO DON ELÍAS?

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  9. Buen jueves hoy de San EULOGIO: San BUENAPALABRA, San BIENHABLAO, San Buen Orador en su rincón. Etcétera.

    No se te pasa por la cabeza, Mar, lo sabemos; pero NADA DE OLVIDAR EL CANTE Y EL BAILE FLAMENCOS. Todo baile vale, y todo cante también.

    Estamos en París, hace bastantes años. Al escuchar por la ventana el cante de un albañil, quizá andaluz, a un escritor de Rumanía (o Rumania), se le ocurrió lo siguiente.

    "En el techo de una casa vecina, un tejador español se ejercita en el cante flamenco bajo un siniestro cielo gris. Esa voz ronca y lastimera me conmueve profundamente. Si me hiciera caso a mí mismo, me marcharía al instante a Andalucía."

    Quien quiere marcharse al instante a Andalucía, parece ser el escritor. Que también se lo recomendaría al que techa la casa bajo un cielo no demasiado azul.

    CHAO (Caramba, Hombre, Auxilio, Ocho).

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  10. Hola, Mar.

    Anoche en el programa DERIVAS de Radio 2, oímos que NAVIGARE NECESSE EST, VIVERE NON NECESSE ('Navegar es necesario; vivir, no'). Frase de Pompeyo el Grande a unos marineros que no se querían embarcar, hace unos 2000 años, por miedo a un mar nada manso.

    SAN NICANOR.
    NAVEGAR SIN PERDER
    NUNCA EL TAMBOR.

    Lo del TAMBOR debió ser por una vieja coplilla hispano-árabe nacida de las guerras de moros y cristianos en la Península. Almanzor robó las campanas de Santiago, pero de vuelta a Córdoba fue derrotado por los cristianos en Calatañazor, provincia de Soria.

    EN CALATAÑAZOR
    PERDIÓ ALMANZOR
    EL ATAMOR.

    De vivir hoy sería el santo de Nicanor Parra, un poeta chileno que escribió muchos ANTIPOEMAS. Algunos hemos leído esta tarde tu abuela y yo. Te abrazamos.

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  11. Te pongo, Mar, aquí el comienzo de un poema de Nicanor Parra, poeta que se murió no hace mucho ¡a los 103 años!, y que le gusta también a mamá. Hay una palabra en latín y algunas más en francés.

    SINFONÍA DE CUNA

    Una vez andando
    Por un parque inglés
    Con un ANGELORUM
    Sin querer me hallé.

    Buenos días, dijo,
    Yo le contesté,
    Él en castellano,
    Pero yo en francés.

    DITES MOI, don Ángel.
    COMMENT VA, MONSIEUR

    Él me dio la mano,
    Yo le tomé el pie
    ¡Hay que ver, señores,
    Cómo un ángel es! (...)

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  12. NICANOR PARRA
    A ROMEO Y JULIETA
    OTRA MAÑANA.

    « ATENCIÓN

    A los jóvenes aficionados
    A cortejar muchachas buenas-mozas
    En los jardines de los monasterios
    Hago saber con toda franqueza
    Que en el amor
    por casto
    Por inocente que parezca al comienzo
    Suelen presentarse sus complicaciones.

    Totalmente de acuerdo
    Que el amor es más dulce que la miel.

    Pero se les advierte
    Que en el jardín hay luces y sombras
    Además de sonrisas
    En el jardín hay disgustos y lágrimas
    En el jardín hay no sólo verdad
    Sino también su poco de mentira.

    "ESTO LO ENTENDERÁS MUCHO MÁS TARDE", cantaba trabajando un persianero.

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  13. Y la TORTOLICA FEDERICA y el RUISEÑOR TONTÓN ya cantaban, Mar:

    ─CON EL SOL EN LA ESPALDA Y ESPERAR.

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    1. Olvidábasenos, Mar:

      Ayer 28, fue el día de Santo Tomás de Aquino
      y hoy 29, el de San Valero de Aquitampoco.

      Nuestro vecino de enfrente (Cervantes, 8-2) es Valero, pero de apellido: Juan Antonio Valero.

      Te seguiremos contando y recordando.

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  14. HOY, MAR,

    Santa Martina nos hace recordar a Josefina.

    En la radio, músicas antiguas que nos llegan de Canadá casi siempre con curiosos títulos. De ahora mismo, unos ejemplos para ti; (punto y coma, de tu abuela), una docena mal CONTÁ, con muchos abrazos, Niña.

    EL FAMOSO CAZADOR DE RATAS
    ME LLEVO MAL
    BYRD: UNA LECCIÓN DE VOLUNTARIADO
    SI PERDÍ MI SABER
    MIRA, MIRA A LA REINA DEL PASTOR: TOMKINS 1622
    BYRD: AH, ALMA TONTA
    ¿CUÁNTO CUESTA LA FUENTE?
    AMOR, TE QUIERO ACORDEÓN
    EL REY RODOLFO
    OH VOSOTROS TODOS
    "UN PATO MUY BONITO, HABÍA"
    A TODA GENTE, CARA Y OJOS
    CARRITO DE LOLLY
    EN UN JARDÍN TAN VERDE

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    1. ¿EL FAMOSO CAZADOR DE RATAS?
      ¿AMOR, TE QUIERO ACORDEÓN?
      ¿LA RANA GALLARDA?
      ¿DÓNDE ESTÁS, AMOR?
      ¿LAS TRES VIOLETAS?

      Ahora mismo, Mar, nos han llegado estas tres últimas canciones:

      AMIGOS, AMIGOS
      DE TODOS LOS BUENOS JUEGOS
      ALLÁ SE ME PONGA EL SOL

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    2. De ayer SAN ELÍAS a hoy SAN RÓMULO.
      Títulos y cuentos, Mar adelante;
      donde esté ella.

      CUÁNTAS SABEDES AMAR, AMIGO
      CENIZA
      NACIÓ JESÚS DE SU MODER
      NACIÓ JESÚS DE SU MODERNIDAD
      [Debe ser de su madre.]

      LÁGRIMAS ANTIGUAS
      LIBERA MUSA
      LA VIDA DE LA DONCELLA ODEÑADORA
      SALÓN DEL POZO

      LÁGRIMAS ANTIGUAS
      SEÑORA DE AMORES
      RESVENOLES NOSOTROS
      COMERCIALIZAR TODO
      EL CANTO DE LA SIBILA
      DE LA DULCE MI ENEMIGA
      BAJO EL TILO

      ME QUEDO QUIETO POR LA MAÑANA
      ¿CUÁNTO LE MULTARÁ AL CRIMINAL?
      EL TRISTE QUE NUNCA OS VIO
      SI EL PASTORCITO ES NUEVO
      LA CANCIÓN DEL SAUCE
      LOS SEYS LIBROS DEL
      ESTE FANÁTICO AMOR
      PAN DE MAÍZ

      STOLA IOCUNDATIS
      Coro de Cámara de Namur, Psallentes y Millenarium
      Carmina Burana: Officium lusorum [ms. 254] (después de Messe des fous): Offertorium: Loculum humilem

      [EL MANTO DE LA ALEGRÍA
      Coro de Cámara de Namur, Psallentes y Millenarium
      Carmina Burana: La Oficina de los Jugadores [ms. 254] (después de la Misa de los Locos): Ofertorio: Loculum humilem. TRAD. GOOGLE.]

      DEUS EST ENSI CONME LI PELLICANZ
      [Dios, Mar, es como el pelícano; tal cual]
      GALLARDO

      NO HAY ROSA
      YO TENGO EL TEJADO DE CLAREN
      CORNAGO: PATRES NOSTRES PECCAVERUNT
      MI LIBERTAD EN SOSIEGO
      ¿PUEDEN LAS NOTAS TRISTES?
      CANCIÓN. “¡OH DULCE CONTEMPLACIÓN!”
      BOSQUES DE PINOS
      ESTA MONTAÑA DE ENFRENTAMIENTO
      QUE POR ÉL NON DEVESS
      OH, LUJURIOSO MAYO. ANÓNIMO 1612

      EL TIEMPO BONO
      EL PRIMER PAVÓN
      BIEN SE ENCAJE
      LA HERIDA DEL AMOR MILAGROSO
      ESPERANS
      GREENWOOD Y HUNT LA ARDILLA
      LA ROSA ENFLORECE
      FANTASÍA DE TRES VIOLETAS

      (…) (...) (...)

      AMIGOS, AMIGOS
      DE TODOS LOS BUENOS JUEGOS
      ONDAS DEL MAR

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  15. Hola, Mar:

    Parece un cuento pero no lo es. A DONALDO EL MAGNÍFICO lo insultamos ayer tu abuela y yo. Pero en seguida le pedimos perdón. Ya vas entendiendo cada día mejor cuentos como este. Sobre el Donaldo o BENJAMÍN I en el Mediterráneo; o en el Atlántico, el Pacífico; o en la Luna o Marte. No creemos que ya vayas necesitando mucha ayuda de tus padres.

    Buen viernes, Mar; en la parte TOMECASIANA y en todas las demás. Y muchos besos de tus abuelos.

    El País, 7 Feb 2025
    HÉCTOR ABAD FACIOLINCE
    Escritor. Su último libro es SALVO MI CORAZÓN, TODO ESTÁ BIEN (Alfaguara).

    UNA HUMILDE PROPOSICIÓN

    En la primera visita de Estado que el eminente rey de Israel, Benjamín I, ha tenido a bien hacer al magnífico emperador del mundo, Donaldo el Magnífico, surgió al fin una idea genial y definitiva para resolver el problema de esos dos millones de bípedos de apariencia humana que infestan ese terreno conocido como Gaza, erigido en inmediaciones del reino de Israel, y que obstaculiza al susodicho reino el acceso directo a un mar de indiscutible valor turístico y económico, vale decir el Mediterráneo.

    Al final de tan maravilloso encuentro, el nuevo emperador del mundo sugirió al fin una Solución Final (que sorprendió al mismísimo Benjamín I por su audacia), para deshacerse del malévolo y pestilente pueblo palestino. Desde la altura anaranjada de su admirable rostro, imbuido de su infinita sagacidad, el emperador pronunció al fin las luminosas palabras que nos llevarán por el recto camino de convertir un terreno ruinoso y semidesértico del tamaño de Washington (la capital del nuevo Orden Mundial), en un auténtico resort que, según sugerencias de un ilustre consejero del emperador (David M. Friedman, exembajador imperial) podría llamarse bien sea Mar-a-Gaza o Gaza-a-Lago. Naturalmente, según observó Donaldo el Supremo, en vista de que estos palestinos con apariencia humana, al no saber prosperar en tan valiosa franja de mar y tierra, han permitido que esta se convierta en una malsana sucesión de escombros carente de agua, de gasolina, sin hospitales, sin templos, sin césped, sin palmeras, sin hoteles e infestada además de peligrosos explosivos, en vista de lo anterior, y ¡por su propio bien!, es necesario hacer una expulsión de estos individuos, tanto de mujeres, ancianos y niños aún vivos como de varones jóvenes y adultos (terroristas en potencia todos), que lamentablemente sobrevivieron a la purga reciente emprendida por los aliados del emperador, e invitarlos a desplazarse, por las buenas o por las malas, a otros más amenos lugares.

    Es así que los bípedos palestinos serán conducidos (con el mismo respeto y miramientos con que se expulsa de EE UU o se interna en el campo de Guantánamo a los invasores ilegales de razas inferiores) a nuevos asentamientos o centros de rehabilitación laboral debidamente edificados y circundados por mallas, torres de vigilancia e infranqueables murallas en territorios de Egipto, Jordania, Libia y naciones aledañas, que acogerán con júbilo a estos molestos dos millones de humanoides. Ya una vez limpio de alimañas, ratas, sabandijas, camellos, mezquitas, minaretes, y en especial de estos vagabundos, será levantada frente al Mediterráneo una nueva Riviera del Naciente, donde podrán pasar sus vacaciones y días de ocio los más opulentos empresarios, empezando por los egregios duques de Musk, de Bezos, de Orbán, de Milei, de Zuckerberg, de Putin o de Meloni. (CONTINUARÁ)

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  16. (...) Lo propuesto por Donaldo el Magnífico es absolutamente visionario y genial, pero adolece, en mi muy modesta opinión, de un innecesario gasto que, si velamos por la viabilidad financiera de ese maravilloso proyecto inmobiliario del Club Trump-a-Gaza, debería evitarse: la expulsión, deportación o reasentamiento de esos dos millones de especímenes pertenecientes, lamento tener que decirlo, a una raza y una religión intrínsecamente terroristas, resultaría demasiado onerosa para las arcas del imperio. Habiendo ya arrasado sus casuchas, cultivos y edificaciones, estando ya toda la Franja reducida a escombros, lo más adecuado sería construir cuanto antes un gigantesco molino de carne, huesos y ladrillos en el que se pudieran mezclar los escombros de las demoliciones tan eficaz y generosamente anticipadas por el enjundioso Benjamín I, con todos los cuerpos de estos dos millones de mamíferos de aspecto humano, de modo que el polvo y la carne, debidamente molidos, amalgamados y macerados, amontonados en grandes colinas composteras, constituyan el abono y la savia necesarios para los nuevos campos de golf, los jardines de ensueño, las palmeras y robles del Líbano con que se adornaría el soberbio complejo turístico de X-a-Gaza, o como queramos llamarlo.

    Mediante esta Solución Final para un conglomerado humano que, al no haber sabido nunca encontrar un asentamiento digno y aseado sobre la tierra, lo más conveniente es que regrese a ella como humus fertilizante, los nuevos nobles de este mundo podrán al fin, en poco tiempo, tomar el sol libres de peligros y gente despreciable en medio de su bienestar y alborozo ocular. Sé que esta propuesta podría ofender todavía a algunos oídos que no se han acostumbrado aún al nuevo Orden del Mundo, pero bastará ver surgir la enorme belleza de los primeros campos de golf en Gaza y las primeras torres de Hoteles Trump para que se olviden de una vez y para siempre esos ridículos escrúpulos y prejuicios que en los tiempos antiguos llevaban el desagradable nombre de Derechos Humanos. Derechos Humanos, claro que sí, pero precisamente para Humanos, no para estos oscuros homúnculos de mera apariencia humana que todavía algunos se obstinan en llamar personas palestinas.

    (Agradezco a don Jonathan Swift haberme permitido usar aquí algunas de las frases de su encomiable UNA MODESTA PROPOSICIÓN PARA EVITAR QUE LOS HIJOS DE LOS POBRES DE IRLANDA SEAN UNA CARGA PARA SUS PADRES O SU PAÍS Y PARA HACERLOS ÚTILES AL PÚBLICO).

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  17. Por Cervantes, la obra, el laberinto.

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  18. ARRODILLARSE
    PARA ABRAZAR A CLARA
    CON MÁS PLACER

    Esta mañana, Mar, leyendo este haiku en un antiguo cuaderno de tu abuelo; de los muchos que tiene en forma de diario.

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    1. ¿PLACER? SABER,
      MAR, QUE ESCRIBES UN DIARIO:
      ATENTA, INÉS.

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  19. ─Bendito 18 de febrero de 1946, encantada de conocerte ─le digo a tu abuelo.

    Tu gato PATAS RUBIAS, mamá alzada sobre sus puntas y el tambor del poema que hemos leído juntos esta mañana, las tres cosas, hemos comprobado que están algo relacionadas. A ver, Mar, si a ti también te lo parece.

    "Cuando he visto salir el sol
    de su maravillosa casa ─
    dejar un día en cada puerta
    un acto, en cada lugar ─

    sin incidentes del éxito
    o accidentes del ruido ─
    un tambor me pareció el mundo,
    perseguido por niñitos"

    EMILY DICKINSON (hacia 1864)

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  20. Hoy, Martes de Carnaval,
    sin santa en el almanaque.
    Mentira, que aquí está.

    Ayer en cambio:

    SAN EMETERIO,
    MAR. A VISITAR, PUES,
    EL CEMENTERIO.

    ALLÁ EN EL PRADO
    ESPERAN LOS ABUELOS
    CON LAS OVEJAS.

    (Allá en el prado
    esperan los abuelos.
    Son las dos cabras.)

    CON LAS ALPACAS,
    MAR QUÉ BIEN CANTA Y BAILA
    LA MARAGATA.

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    1. Esta mañana. Mar, tu abuelo y yo recordábamos este poema de Federico García Lorca. Es una historia larga, pero seguro que te gusta. Y de paso, al final, una corrección a la primera coplilla suya de hoy.

      LOS ENCUENTROS DE
      UN CARACOL AVENTURERO
      Diciembre de 1918 (Granada)
      A Ramón P. Roda

      HAY dulzura infantil
      en la mañana quieta.
      Los árboles extienden
      sus brazos a la tierra.
      Un vaho tembloroso
      cubre las sementeras,
      y las arañas tienden
      sus caminos de seda
      –rayas al cristal limpio
      del aire–.

      En la alameda
      un manantial recita
      su canto entre las hierbas.
      Y el caracol, pacífico
      burgués de la vereda,
      ignorado y humilde,
      el paisaje contempla.
      La divina quietud
      de la Naturaleza
      le dio valor y fe,
      y olvidando las penas
      de su hogar, deseó
      ver el fin de la senda.

      Echó a andar e internóse
      en un bosque de yedras
      y de ortigas. En medio
      había dos ranas viejas
      que tomaban el sol,
      aburridas y enfermas.

      “Esos cantos modernos
      –murmuraba una de ellas–
      son inútiles”. “Todos,
      amiga –le contesta
      la otra rana, que estaba
      herida y casi ciega–.
      Cuando joven creía
      que si al fin Dios oyera
      nuestro canto, tendría
      compasión. Y mi ciencia,
      pues ya he vivido mucho,
      hace que no lo crea.
      Yo ya no canto más...”

      Las dos ranas se quejan
      pidiendo una limosna
      a una ranita nueva
      que pasa presumida
      apartando las hierbas.

      Ante el bosque sombrío
      el caracol se aterra.
      Quiere gritar. No puede.
      Las ranas se le acercan.

      “¿Es una mariposa?”,
      dice la casi ciega.
      “Tiene dos cuernecitos
      –la otra rana contesta–.
      Es el caracol. ¿Vienes,
      caracol, de otras tierras?”

      “Vengo de mi casa y quiero
      volverme muy pronto a ella”.
      “Es un bicho muy cobarde
      –exclama la rana ciega–.
      ¿No cantas nunca?”. “No canto”,
      dice el caracol. “¿Ni rezas?”
      “Tampoco, nunca aprendí”.
      “¿Ni crees en la vida eterna?”.
      “¿Qué es eso?”

      “Pues vivir siempre
      en el agua más serena,
      junto a una tierra florida
      que a un rico manjar sustenta”.

      (CONTINUARÁ)

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    2. “Cuando niño a mí me dijo
      un día mi pobre abuela
      que al morirme yo me iría
      sobre las hojas más tiernas
      de los árboles más altos”.

      “Una hereje era tu abuela.
      La verdad te la decimos
      nosotras. Creerás en ella”,
      dicen las ranas furiosas.

      “¿Por qué quise ver la senda?
      –gime el caracol–. Sí creo
      por siempre en la vida eterna
      que [me] predicáis...”

      Las ranas,
      muy pensativas, se alejan,
      y el caracol, asustado,
      se va perdiendo en la selva.

      Las dos ranas mendigas
      como esfinges se quedan.
      Una de ellas pregunta:
      “¿Crees tú en la vida eterna?”.
      “Yo no”, dice muy triste
      la rana herida y ciega.
      “¿Por qué hemos dicho, entonces,
      al caracol que crea?”.
      “Por qué... No sé por qué
      – dice la rana ciega–.
      Me lleno de emoción
      al sentir la firmeza
      con que llaman mis hijos
      a Dios en la acequia...”

      El pobre caracol
      vuelve atrás. Ya en la senda
      un silencio ondulado
      mana de la alameda.
      Con un grupo de hormigas
      encarnadas se encuentra.
      Van muy alborotadas,
      arrastrando tras ellas
      a otra hormiga que tiene
      tronchadas las antenas.
      El caracol exclama:
      “Hormiguitas, paciencia.
      ¿Por qué así maltratáis
      a vuestra compañera?
      Contadme lo que ha hecho.
      Yo juzgaré en conciencia.
      Cuéntalo tú, hormiguita”.

      La hormiga, medio muerta,
      dice muy tristemente:
      “Yo he visto las estrellas”.
      “¿Qué son las estrellas?”, dicen
      las hormiguitas inquietas.
      Y el caracol pregunta
      pensativo: “¿Estrellas?”
      “Sí –repite la hormiga–,
      he visto las estrellas,
      subí al árbol más alto
      que tiene la alameda
      y vi miles de ojos
      dentro de mis tinieblas”.
      El caracol pregunta:
      “¿Pero qué son las estrellas?”.
      “Son luces que llevamos
      sobre nuestra cabeza”.
      “Nosotras no las vemos”,
      las hormigas comentan.
      Y el caracol: “Mi vista
      sólo alcanza a las hierbas”.

      Las hormigas exclaman
      moviendo sus antenas:
      “Te mataremos: eres
      perezosa y perversa.
      El trabajo es tu ley”.

      “Yo he visto las estrellas”,
      dice la hormiga herida.
      Y el caracol sentencia:
      “Dejadla que se vaya,
      seguid vuestras faenas.
      Es fácil que muy pronto
      ya rendida se muera.”

      Por el aire dulzón
      ha cruzado una abeja.
      La hormiga, agonizando,
      huele la tarde inmensa,
      y dice: “Es la que viene
      a llevarme a una estrella”.

      Las demás hormiguitas
      huyen al verla muerta.

      El caracol suspira
      y aturdido se aleja
      lleno de confusión
      por lo eterno. “La senda
      no tiene fin –exclama–.
      Acaso a las estrellas
      se llegue por aquí.
      Pero mi gran torpeza
      me impedirá llegar.
      No hay que pensar en ellas”.

      Todo estaba brumoso
      de sol débil y niebla.
      Campanarios lejanos
      llaman gente a la iglesia,
      y el caracol, pacífico
      burgués de la vereda,
      aturdido e inquieto,
      el paisaje contempla."

      LA CORRECCIÓN

      Hoy, Martes de Carnaval,
      sin santa en el almanaque.
      Mentira, PUES aquí está.

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    3. Coimbra, 15 de agosto de 1941

      DUDA

      Ha anochecido.
      Aquí sentado, pensaba
      en mi vida;
      en esta tristeza arrastrada
      que nadie quiere alegrar;
      en esta hoguera cercada
      por un invierno polar.

      Y me preguntaba
      si de mi vida quedaría
      al menos una baba como
      la del caracol.
      Una excreción que brillase
      cuando en ella se fijase
      la luz del sol…

      +++

      Cárcel de Leiria, 30 de noviembre de 1939

      EXHORTACIÓN

      Hermano en la distancia, hombre
      que en esta misma cama has de sufrir:
      que ni el cielo ni la tierra te domen;
      ¡que no haya dolor que te impida vivir!

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  21. Hola, Mar. También vale HOLA MAR.

    ALBERT CAMUS, El primer hombre
    Tusquets Editores, Barcelona 1994

    [...] CADA LIBRO, ADEMÁS, tenía un olor particular según el papel en que estaba impreso, olor fino, secreto en cada caso, pero tan singular que J. hubiera podido distinguir
    a ojos cerrados un volumen de la colección Nelson de las ediciones corrientes que entonces publicaba Fasquelle. Y cada uno de esos olores, aun antes de que empezara la lectura, arrebataba a Jacques a otro universo lleno de promesas ya [cumplidas] que empezaba a oscurecer la habitación donde se encontraba, a suprimir el barrio mismo y sus ruidos, la ciudad y el mundo entero, que desaparecía totalmente no bien empezada la lectura con una avidez loca, exaltada, que terminaba por sumirlo en una embriaguez total de la que no conseguían sacarlo ni siquiera las órdenes repetidas.

    –Jacques, por tercera vez, pon la mesa.

    Al fin ponía la mesa, la mirada vacía y descolorida, un poco extraviado, como intoxicado por la lectura, volvía al libro como si nunca lo hubiera abandonado.

    –Jacques, come.

    Comía por fin un alimento que a pesar de su densidad, le parecía menos real y menos sólido que el que encontraba en los libros, después terminaba con él y reanudaba la lectura. A veces su madre se acercaba antes de ir a sentarse a su rincón.

    –Es la biblioteca –decía. Pronunciaba mal esa palabra que oía de la boca de su hijo y que no le decía nada, pero reconocía la cubierta de los libros.

    –Sí –decía Jacques sin levantar la cabeza.

    Catherine Cormery se inclinaba por encima de su hombro. Miraba el doble rectángulo bajo la luz, la ordenación regular de las líneas; también ella respiraba el olor y a veces pasaba por la página sus dedos entumecidos y arrugados por el agua del lavado como si tratara de conocer mejor lo que era un libro, de acercarse un poco más a esos signos misteriosos, incomprensibles para ella, pero en los que su hijo encontraba, con tanta frecuencia y durante horas, una vida que le era desconocida y de la que volvía con una mirada que posaba en ella como si fuera una extranjera. La mano deformada acariciaba suavemente la cabeza del chico, que no reaccionaba, Catherine Cormery suspiraba e iba a sentarse, lejos de él.

    –Jacques, ve a acostarte.

    La abuela repetía la orden.

    –Mañana llegarás tarde.

    Jacques se levantaba, preparaba su cartera para las clases del día siguiente, sin soltar el libro bajo el brazo, y como un borracho, se dormía pesadamente, después de deslizar el libro debajo de la almohada.

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  22. Así, durante años, la vida de Jacques estuvo dividida desigualmente entre dos vidas que no era capaz de vincular entre sí. Durante doce horas, al redoble del tambor, en una sociedad de niños y maestros, entre los juegos y el estudio. Durante dos o tres horas de vida diurna, en la casa del viejo barrio, junto a su madre, con la que se encontraba de verdad en el sueño de los pobres. Aunque su vida pasada fuese en realidad ese barrio, su vida presente y más aún su futuro estaban en el liceo. De modo que el barrio, en cierto modo, se confundía a la larga con la noche, con el dormir y con el sueño. Por lo demás, ¿existía ese barrio y no era acaso ese desierto en que se convirtió una noche para el niño que quedó inconsciente? Caída sobre el cemento... En todo caso, a nadie en el liceo podía hablarle de su madre y de su familia. A nadie en su familia podía hablarle del liceo. Ningún compañero, ningún profesor, durante todos los años que lo separaban del bachillerato, fue jamás a su casa. Y en cuanto a su madre y a su abuela, nunca iban al liceo, salvo una vez por año, para la distribución de premios, a comienzos de julio. Ese día, es cierto, entraban por la puerta principal, en medio de una multitud de parientes y de alumnos endomingados. La abuela se ponía el pañuelo y el vestido negro de las grandes salidas. Catherine Cormery un sombrero adornado con un tul castaño, con los únicos zapatos de tacones medianos que tenía. Jacques llevaba una camisa blanca de cuello levantado y mangas cortas, un pantalón primero corto y después largo, pero siempre cuidadosamente planchado la víspera por su madre, y andando entre las dos mujeres, las llevaba al tranvía rojo, hacia la una de la tarde, las instalaba en una banqueta del primer coche y esperaba de pie, delante, mirando a través de los vidrios a su madre, que le sonreía de vez en cuando, y que verificaba durante todo el trayecto si el sombrero calzaba bien o si sus medias estaban derechas, o el lugar de la medallita de oro con la Virgen que llevaba colgada de una delgada cadena. En la plaza del Gobierno empezaba el camino cotidiano que el niño hacía una sola vez al año con las dos mujeres, a lo largo de toda la Rue Bab-Azoun. Jacques husmeaba la loción [Lampero] que su madre se había puesto generosamente para la ocasión, la abuela caminaba erguida y orgullosa, regañando a su hija, que se quejaba de los pies (“Así aprenderás a no usar zapatos demasiado pequeños para tu edad”), mientras Jacques mostraba incansablemente las tiendas y los comerciantes que habían ocupado un lugar tan importante en su vida. En el liceo, la puerta de honor estaba abierta, los tiestos con plantas adornaban de arriba abajo los dos lados de la escalera monumental que los primero padres y los alumnos empezaba a subir, los Cormery, naturalmente, habían llegado con mucho adelanto, como siempre ocurre con los pobres, que tienen pocas obligaciones sociales y placeres, y que temen no ser puntuales.

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  23. En el mismo libro, Mar.

    [...] AQUELLA NOCHE EN ÉL, sí, aquellas raíces oscuras y enmarañadas que lo ataban a esa tierra espléndida y aterradora, a sus días ardientes y a sus noches rápidas que embargaban el alma, y que había sido quizá como una segunda vida, más verdadera quizá bajo las apariencias cotidianas de la primera y cuya historia estaba hecha de deseos oscuros y de sensaciones poderosas e indescriptibles, el olor de las escuelas, de las caballerizas del barrio, de la lejía en las manos de su madre, de los jazmines y la madreselva de los barrios altos, de las páginas del diccionario y de los libros devorados, y el olor agrio de los retretes de su casa o de la quincallería, el de las grandes aulas frías, donde a veces entraba solo, antes o después de las clases, el calor de sus compañeros preferidos, el olor a lana caliente y deyecciones que arrastraba Didier, o el del agua de colonia con que la madre de Marconi, el alto, lo rociaba abundantemente y que le daba ganas, en el banco de su clase, de acercarse todavía más a su amigo, el perfume del lápiz de labios que Pierre había robado a una de sus tías y que olían entre ellos, perturbados e inquietos como los perros que entran en una casa donde ha pasado una hembra perseguida, imaginando que la mujer era ese bloque de perfume dulzón de bergamota y crema que, en el mundo brutal de gritos, transpiración y polvo, les traía la revelación de un universo refinado y delicado, son su indecible seducción, del que ni siquiera las groserías que lanzaban a propósito del lápiz de labios llegaba a defenderlos, y el amor de los cuerpos desde su más tierna infancia, de su belleza, que le hacía reír de felicidad en las playas, de su tibieza, que lo atraía constantemente, sin idea precisa, animalmente, no para poseerlos, cosa que no sabía hacer, sino simplemente para entrar en su irradiación, apoyar su hombro contra el hombro del compañero y casi desfallecer cuando la mano de una mujer en un tranvía atestado tocaba durante un momento la suya, el deseo, sí, de vivir, de vivir aún más, de mezclarse a lo que de más cálido tenía la tierra, lo que sin saberlo esperaba de su madre y que no obtenía o tal vez no se atrevía a obtener y que encontraba en el perro BRILLANT cuando se tendía junto a él al sol y respiraba su fuerte olor a pelos, o en los olores más fuertes o más animales en los que el calor terrible de la vida se conservaba, pese a todo, para él, y del que no podía prescindir.

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  24. RAZONES PARA ENVEJECER Y MORIR SIN REBELDÍA, subraya Mar.

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  25. Un haiku a tu abuela, hoy, Santa Madrona.

    HACER AMOR
    es cosa de tu abuela.
    ¡Santa Leonor!

    Como tercer verso, salió ¡San Nicanor!, pero preferí ¡SANTA LEONOR!

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  26. ─Vivir consiste en ocultar, como sea, que no podemos ser felices ─dijo San Heriberto. En el buen Paraíso, por cierto.

    Y a carcajada limpia, Mar se rió; Mar rióse.

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  27. Perdona, Mar, por lo POLÍTICO, hoy viernes día de San Filemón. A él también nos dirigimos juntos contigo.

    Filemón de Colosas - Wikipedia, la enciclopedia libre

    No a Mortadelo.
    A nuestro cisne Mar,
    una pregunta:

    ¿El pato Trump,
    nos viene bien o mal
    San Filemón?

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  28. "[...] Si las intrigas empezasen solamente en el colegio, si tan siquiera los mentores y amigos más influyentes hiciesen una elección propia, aún cabría filosofar sobre el asunto. Pero no es posible. También ellos fueron atrapados; no son más que elefantes domesticados que inconscientemente tienden una celada a su prójimo, de la misma forma que ellos fueron atrapados por elefantes previamente domesticados. Todos hemos aprendido nuestros trucos en cautividad, alentados por Mrs. Grundy y su sistema de castigos y recompensas. El chasquido de la tralla y el pesebre del forraje.

    [...] Todo esto está muy bien, me dirá; pero no me ayuda a elegir. [...] ¿Qué puedo decir? Recuerde que una elección es algo casi más negativo que positivo. Se abraza una causa; pero se abandonan mil. [...] Si tiene la certeza de una preferencia, persevere en ella. Si no es así... no, amigo mío, no me corresponde a mí ni a hombre alguno pasar de este punto. Dios le creó; yo no. Y tampoco puede hacerle de nuevo. He oído hablar de un maestro de escuela cuya especialidad consistía en averiguar la inclinación de cada alumno: ¡pobre maestro, pobres alumnos! Por lo que a mí concierne, si su corazón no abriga algo innato, una preferencia viva, un desdén humano y delicado, le confío a la corriente; ella le barrerá hacia algún lugar. Si posee siquiera un adarme de inclinación, le ayudaré. Si desea ser vendedor ambulante, no se hable más; yo sujetaré el borrico. Si es su deseo no hacer nada, una vez más le confío a la corriente. [...] Probablemente no importe mucho aquello por lo que se decida; pues, a la larga, la mayoría de los hombres se hunden en un grado de estupor necesario para sentirse satisfechos de sus distintas posesiones. [...] Son felices, en la misma medida en que son deshonestos. Se embrutecen lo justo; su honor acepta fácilmente los hábitos rutinarios del oficio. Yo le deseo que su degeneración no le resulte más dolorosa que a los demás."

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  29. Ya seguiremos con el Stevenson. Hola, Mar:

    Hoy San Benjamín, tú la benjamina. (Siga el juego: “¡Y un jamón con chorreras!”, que solía decir en Córdoba el Hermano Benito, educador madrileño de un abuelo tuyo.)

    https://reflexionesdemanuel.blogspot.com/2010/11/y-un-jamon-con-chorreras.html

    Ahora, Mar, dos de las músicas del sábado pasado (San Juan de la Cruz con y sin espinas).

    +++

    Primero el Unicornio:

    “[Canción] EL UNICORNIO. MANFREDINA Y ROTTA. SIGLO XIV.

    [Grupo] ARTE FACTUM.

    [Disco] SALTOS, BRINCOS Y REVERENCIAS. DANZAS INSTRUMENTALES DEL XIV Y XV”.

    https://www.youtube.com/watch?v=EzslgjZ94I0&t=25s

    Manfredina, Mar, Marcelina, La Princesa Mandarina y tú, Benjamina.

    +++

    Y segundo, por algoritmo enseguida, la Sibila del Rin, Santa Hildegarda:

    HILDEGARD OF BINGEN: CARITAS ABUNDANT IN OMNIA - LOVE ABOUNDETH IN ALL THINGS

    https://www.youtube.com/watch?v=F3yEi782RC8

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  30. HOY, MAR, SAN DIÓGENES.
    "DICLOFENACO SÓDICO",
    LA CREMA BUENA.

    Crema-gel que el dermatólogo recetó a tu abuela.

    Tomándonos la fruta, de nuevo, Mar, tu cazador, y justo detrás, lo que te copiamos:

    EL FAMOSO CAZADOR DE RATAS
    CONSORTE DE BALTIMORE
    DESCONOCIDO


    SI DOLCE NON SONO DE FRANCESCO LANDINI
    DESCONOCIDO

    SI DOLCE NON SONO: ‘si no sueno dulce’ en español, ¿no, Mar?


    MUCHO, MUCHO
    COLECTIVO DUFAY
    MÚSICA PARA ALFONSO EL SABIO


    LURPAKKET
    BRANLE DES CHEVAULX
    BRANLE DES CHEVAULX

    BRANLE (danza) de los caballos.


    ¿DÓNDE ESTÁS MI AMOR?
    PURCELL CONSORT OF VOICES, GRAYSTON BURGESS, MICHAEL MORROW Y MÚSICA RESERVADA
    MÚSICA PARA ENTRETENER A ENRIQUE VIII


    INGIUSTISSIMO AMOR
    CAPELLA DE MINISTRERS & CARLES MAGRANER
    LUCRECIA BORGIA


    SIGLO XIII
    TANZ HÚNGARA
    TANZ HÚNGARA

    TANZ: ¿No te suena a danza?

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  31. las colocasias
    de teresa garcía
    santa anastasia

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  32. en cambio ayer
    ─limándote las uñas─
    san valeriano

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  33. La tortolica
    se vuela a lo más alto
    de aquel ciprés.

    El Jardinillo.
    La cima del ciprés
    es tortolica.

    El Jardinillo
    manda a Mar arrumacos
    hoy Viernes Santo.

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  34. Hoy, San Hermógenes,
    el de genes hermosos.
    No te lo creas.

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    Respuestas
    1. "Parece ser que Lola Andreas-Salomé estaba dando una conferencia sobre la naturaleza de la vida y el universo. Al finalizar, un anciano se le acercó y le dijo:

      —Profesora Lola, está equivocada.

      —¿Cómo es eso, señor? —preguntó Andreas.

      —Las cosas no son en absoluto como usted dice —respondió él—. El mundo está a lomos de una tortuga gigante.

      —Hum —dijo Salomé, desconcertada—. Puede ser, pero ¿dónde está esa tortuga?

      —A lomos de otra tortuga —respondió él.

      —Pero, señor —dijo Lola con indulgencia—, y esa tortuga, ¿dónde está?

      Y el anciano respondió triunfante:

      —Es inútil, profesora Lola. Son tortugas hasta el fondo."

      Hoy, Mar, 20 de abril, día, entre otros santos y beatos,, de Santa Inés de Montepulciano (siglo XIV) y Santa Clara Bosatta (siglo XIX).

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  35. Francisco, Papa.
    Lobos, CISNES Y CÍRCULO
    DE JACARANDAS.

    ¿Ordena, Mar,
    LA MANO DE COLORES
    sólo humildad?

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  36. OSCURA HISTORIA
    EL REFUGIO DEL LOBO
    VIVAN LAS LOBAS

    Nuestra Señora de Montserrat, Mar.

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  37. De un libro de 1979, Mar. EL JARDÍN DE LAS CARICIAS, una INVITACIÓN A LAS NOCHES ÁRABES,

    "LAS CIGARRAS

    Las cigarras de este país son tan ruidosas como las cigarras del valle del Hedjr.

    Ayer a la hora de la tercera oración, como pasáramos cerca de un arbusto que abrigaba un enjambre, mi compañero me dijo:

    ─Cantan; mas ellas duermen cantando. Ningún ruido puede despertarlas ni interrumpir su música. Trata de chocar uno contra otro nuestros escudos: no callarán. El trueno mismo las deja indiferentes. ¿No envidias acaso a estos insectos que se emborrachan hasta ese punto con su propio canto?

    Me cuidé bien de observar a mi amigo que las chicharras son quizá sordas.

    DAR AL-BAHR

    En mi ventana, un ciprés y el mar.

    Un espejo azul cuyo mango es el ciprés."

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  38. Este pájaro, Mar, canta muchísimo. Quede, pues, aquí el poemilla que te leímos ayer. De un médico y escritor portugués, MIGUEL TORGA, a un mirlo madrugador.

    LECCIÓN

    Oigo todos los días,
    al amanecer,
    un bonito poema
    cantado por un mirlo
    madrugador.
    Un poema de amor
    sencillo y desprendido,
    que deja en mi oído
    avergonzado
    la lección virginal
    de lo natural
    que es siempre igual y siempre variado.

    "Pintar el horizonte del futuro", acaba de escribir tu abuela aquí a mi lado.

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  39. Mar, Luna, Salo, Ana, Miguel… Concierto, concordia.

    https://museo.getafe.es/omeka/files/original/Cuadernos53.pdf

    Un cuento de Miguel Torga de hacia 1940. Traducción del portugués: Amador Palacios.

    VICENTE

    Aquella tarde, a esa hora en que el cielo se mostraba más duro y más siniestro, Vicente abrió sus alas negras y partió. Cuarenta días habían transcurrido ya desde que, integrado en la leva de los elegidos, realizó su entrada en el Arca. Pero desde el primer momento todos notaron que en su espíritu no había paz. Silencioso y enfurruñado, iba de acá para allá con una agitación continua, como si aquel enorme navío donde el Señor había preservado la vida fuese un ultraje a la creación. En semejante algarabía —lobos y corderos hermanados bajo el mismo destino—, sólo su figura negra y seca se mantenía rebelde frente al procedimiento de Dios. Con silenciosa indignación, se preguntaba: ¿bajo qué propósito estaban los animales inmiscuidos en confuso dilema de torre de Babel? ¿Qué tenían que ver los animales con esas fornicaciones de los hombres que el Creador quería castigar? Justos o injustos, los altos designios que habían determinado aquel diluvio, chocaban con un hondo sentimiento de irreprimible repulsa. Y cuanto más inexorable se mostraba la prepotencia, más crecía la insurrección de Vicente.

    Cuarenta días, no obstante, su carne flaca lo retenía allí. Ni siquiera él mismo podría precisar cómo había bajado desde el Líbano hasta el muelle de embarque y, después, en el Arca, por tanto tiempo había recibido de las manos serviles de Noé la ración cotidiana. Pero había podido vencerse. Había, en fin, conseguido, superar el instinto de la propia conservación, y abrir las alas al encuentro de la terrible inmensidad del mar.

    La insólita partida fue contemplada por grandes y pequeños con respeto callado y contenido. Pasmados y asombrados, lo vieron, temerario, con el pecho abierto, atravesar el primer muro de fuego con el que Dios le quiso impedir la fuga, sumiéndose, a lo lejos, en los confines del espacio. Mas nadie dijo nada. Su gesto fue en aquel momento el símbolo de la universal liberación. Una convicción de protesta activa contra el arbitrio que dividía a los seres en elegidos y condenados.

    Pero, persistiendo todavía en el interior de todos aquel regusto de redención, desde lo alto, tan amplia como un trueno, penetrante como un rayo, terrible, la voz de Dios:

    —Noé, ¿dónde está mi siervo Vicente?

    Bípedos y cuadrúpedos habían quedado petrificados. Sobre un diáfano toldo de ilusiones, se posó, pesada, una mortaja de silencio.

    Nuevamente, el Señor había paralizado las conciencias y el instinto, y reducía a una pura pasividad vegetativa el residuo de la materia palpitante.

    Noé, sin embargo, era un hombre. Y, como tal, preparó sus armas defensivas:

    —Debe andar por ahí… ¡Vicente! ¡Vicente! ¡¿Qué es de Vicente?!

    Nada.

    —¡Vicente!... ¿Nadie lo vio? ¡Búsquenlo!

    Ni una respuesta. La creación entera parecía muda.

    —¡Vicente! ¡Vicente! ¿En qué sitio se ha metido?

    Hasta que alguien, compadecido de la mísera pequeñez de aquella naturaleza, puso fin a la comedia.


    —Vicente huyó…

    —¡¿Huyó?! ¿Cómo huyó?

    —Huyó… Voló…

    Gotas de sudor frío inundaron las sienes del desdichado.

    De repente, se le aflojaron las piernas y cayó redondo al suelo. En la pardusca luz del cielo hubo un eclipse momentáneo. Por las manos invisibles de quien comandaba las furias, parecía que sucedió, raudo, un estremecimiento de duda.

    Pero la divina autoridad no podía continuar así, indecisa, titubeante, a merced de la primera subversión. El instante de perplejidad apenas duró un instante. Porque luego la voz de Dios resonó de nuevo por el cielo inmenso con una tronadora severidad.

    —Noé, ¿dónde está mi siervo Vicente?

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  40. Bípedos y cuadrúpedos habían quedado petrificados. Sobre un diáfano toldo de ilusiones, se posó, pesada, una mortaja de silencio.

    Nuevamente, el Señor había paralizado las conciencias y el instinto, y reducía a una pura pasividad vegetativa el residuo de la materia palpitante.

    Noé, sin embargo, era un hombre. Y, como tal, preparó sus armas defensivas:

    —Debe andar por ahí… ¡Vicente! ¡Vicente! ¡¿Qué es de Vicente?!

    Nada.

    —¡Vicente!... ¿Nadie lo vio? ¡Búsquenlo!

    Ni una respuesta. La creación entera parecía muda.

    —¡Vicente! ¡Vicente! ¿En qué sitio se ha metido?

    Hasta que alguien, compadecido de la mísera pequeñez de aquella naturaleza, puso fin a la comedia.

    —Vicente huyó…

    —¡¿Huyó?! ¿Cómo huyó?

    —Huyó… Voló…

    Gotas de sudor frío inundaron las sienes del desdichado.

    De repente, se le aflojaron las piernas y cayó redondo al suelo. En la pardusca luz del cielo hubo un eclipse momentáneo. Por las manos invisibles de quien comandaba las furias, parecía que sucedió, raudo, un estremecimiento de duda.

    Pero la divina autoridad no podía continuar así, indecisa, titubeante, a merced de la primera subversión. El instante de perplejidad apenas duró un instante. Porque luego la voz de Dios resonó de nuevo por el cielo inmenso con una tronadora severidad.

    —Noé, ¿dónde está mi siervo Vicente?

    Recuperado del vago desmayo, tembloroso y confuso, Noé intentó justificarse.

    —Señor, tu siervo Vicente se ha evadido. A mí no me pesa la conciencia de haberlo ofendido, o de haberle negado la ración debida. Aquí nadie lo ha maltratado. Fue simplemente su insumisión lo que lo llevó… Mas perdónale, y perdóname a mí también… Y sálvalo, pues, como tú ordenaste, yo lo que hice es protegerlo…

    —¡Noé!... ¡Noé!...

    Y la palabra de Dios, tremenda, sonó de nuevo por el desierto infinito del firmamento.

    Después, siguió un silencio más terrible aún. Y, en el vacío del que todo parecía tocado, se oía, infantil, el llanto desesperado del Patriarca, que tenía entonces seiscientos años de edad. Mientras, suavemente, el Arca iba virando de rumbo.

    Continuando, como guiada por un piloto encubierto, como movida por una fuerza misteriosa, apresurada y firme —ella que hasta entonces había navegado indecisa y morosa al sabor de las olas—, se dirigió hacia el lugar donde cuarenta días antes estaban los montes de Armenia. En la conciencia de todos la misma angustia y la misma pregunta. ¿A qué represalias recurriría ahora el Señor? ¿Cuál sería el final de aquella rebelión?

    Horas y horas el Arca navegó así, cargada de incertidumbres y terror. ¿Iría Dios a obligar al cuervo a regresar a la barca? ¿Iría a sacrificarlo, pura y sencillamente, para ejemplo? ¿O qué iría a hacer? ¿Y habría resistido Vicente a la furia del vendaval, a la oscuridad de la noche y al diluvio sin fin? ¿Y, si había vencido a todo, a qué parajes había arribado? ¿En que sitio del universo había aún un retazo de esperanza?

    Nadie daba respuesta a sus propias preguntas. Los ojos se habían clavado en la distancia, los corazones se comprimían en un sentimiento de indignación impotente, y el tiempo pasaba.

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  41. De pronto, un lince de potentísima visión vio tierra. La palabra, gritada con recelo, por parecer espejismo o blasfemia, atravesó el Arca de lado a lado como un perfume. Y toda aquella fauna desengañada y humillada ascendió al combés con el grato y alentador alborozo de que existiese todavía suelo firme en este pobre universo.

    ¡Tierra! Ni mesetas, ni vegas, ni desiertos. Ni siquiera la solidez tranquilizadora de un monte. Sólo la cresta de un cerro emergiendo de las olas. Sólo eso bastaba. Para cuantos lo veían, el pequeño peñasco resumía la grandeza del mundo. Encarnaba su propia realidad, hasta entonces transfigurados en meros fantasmas flotantes. ¡Tierra! Una minúscula isla compacta en medio de un abismo movedizo; nada más importaba ni tenía sentido.

    ¡Tierra! Desgraciadamente, la dulzura del nombre conllevaba amargura. Tierra… Sí, existía aún el vientre caliente de la madre. ¿Pero el hijo, Vicente, el legítimo fruto de aquel seno?

    Vicente, sin embargo, vivía. A medida que la barca se aproximaba, se fue aclarando en la lejanía su presencia, esbelta, recortada en el horizonte, una línea severa que ceñía un cuerpo, y era a la vez un perfil de voluntad.

    ¡Había llegado! ¡Había conseguido vencer! Y todos sintieron en el alma la paz de la humillación vengada.

    Naturalmente las aguas iban creciendo, y el pequeño otero, de segundo en segundo, iba disminuyendo.

    ¡Tierra! Sí, pero una porción hasta tal punto exigua, que hasta los más confiados se desvivían por retenerla ansiosamente, como defendiéndola de la vorágine. Defendiéndola y defendiendo a Vicente, cuya suerte se había ligado enteramente al telúrico destino.

    Ah, ¡pero estaban “rotas las fuentes del inmenso abismo y abiertas las cataratas del cielo”! Y hombres y animales habían comenzado a desesperar ante aquel sumergir irremediable del último reducto de la existencia activa. No, nadie podía luchar contra la determinación de Dios. Era imposible resistir al ímpetu de los elementos, dirigidos por su implacable tiranía.

    Transida, la turba sin fe miraba la pequeña cumbre y al cuervo posado arriba. Palmo a palmo, la cumbre fue devorada. Sólo quedaba de ella una puntita, sobre la cual, negro, sereno, único representante de los que era una raíz plantada en el justo centro, impávido, permanecía Vicente. Como un anodino espectador, seguía el vaivén del arca subiendo con la marea. Había escogido la libertad, aceptando desde ese momento todas las consecuencias de su elección. Miraba la barca, sí, pero para encarar de frente la degradación que había rechazado.

    Noé y el resto de los animales asistían mudos a aquel duelo entre Vicente y Dios. Y en el espíritu claro o brumoso de cada uno, solamente este dilema: o se salvaba el pedestal que sostenía a Vicente, y el Señor preservaba la grandeza del instante genesíaco —la total autonomía de la criatura en relación con el creador—, o, sumergido el punto de apoyo, moría Vicente, y su aniquilación invalidaba esa hora suprema. La significación de la vida se había ligado indisolublemente al acto de insubordinación. Porque ninguno dentro del Arca se sentía vivo. Sangre, respiración, savia de savia, era aquel cuervo negro, mojado de la cabeza a los pies, que, calmada y obstinadamente, posado en la última posibilidad de supervivencia natural, desafiaba a la omnipotencia.

    Tres veces una ola alta, en un ímpetu de final, lamió las garras del cuervo, pero tres veces reculó. A cada ola, el frágil corazón del Arca, dependiente del corazón resuelto de Vicente, se estremecía de terror. La muerte temía a la muerte.

    Pero enseguida se volvió evidente que el Señor iba a ceder. Que nada podía hacer sino rendirse ante la trascendencia de aquella irreductibilidad.

    Y, para salvar su propia obra, cerró, melancólicamente, las compuertas del cielo.

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  42. "Este cuento de Miguel Torga (São Martinho de Anta, Trás-os-Montes, 1907-Coimbra, 1995) pertenece a su libro de relatos BICHOS, publicado en Coimbra en 1940, del que hay traducción castellana de María Josefa Canellada. Todos estos relatos tienen como protagonistas a diferentes animales. El vocablo portugués “bichos” posee la significación genérica de “animales”, al contrario del “falso amigo” en español, que se ciñe a un sentido despectivo, coloquialmente referido a insectos u otras especies muy pequeñas, como las arañas, las cucarachas, los gusanos, etc. Hijo de humildes campesinos, Torga (seudónimo de Adolfo Correia da Rocha), estudió durante un corto tiempo en el seminario de Lamego, yéndose después a Brasil con unos familiares y, regresando a la metrópoli, acaba el bachillerato en Coimbra, y al final se hace médico, ejerciendo en esta antigua capital de Portugal y prestigiosa villa universitaria. Vinculado a la revista Presença, portavoz del segundo modernismo en Portugal, y a la vez fundador de las revistas SIAL y MANIFESTO, Torga es autor de una extensa obra literaria, que abarca la poesía, la narración, el teatro y los diarios. Escribió unas memorias noveladas que llevan por título La creación del mundo, publicadas en castellano por la editorial Alfaguara en 1986 traducidas por Eloísa Álvarez. El alcance de la concepción sociológica de Miguel Torga era iberista, y este carácter queda plenamente demostrado en su libro Poemas ibéricos, una obra durante mucho tiempo IN PROGRESS, culminada en 1965, cuya edición española corrió a cargo de Pilar Vázquez Cuesta, publicada en Madrid por el Instituto de Cooperación Iberoamericana en 1984. De Poemas ibéricos se había ofrecido ya una selección en la emblemática revista leonesa ESPADAÑA en 1949. En este poemario, según palabras de Pilar Vázquez Cuesta, “se hace objeto a Portugal y España del mismo apasionado y amargo amor”. El propio Torga, en el prólogo a la edición castellana de La creación del mundo, cuya cuarta jornada refiere su paso por la España sangrienta de nuestra guerra civil, expresa que “Soy un portugués hispánico. Nací en una aldea trasmontana, pero respiro todo el aire peninsular. Celoso de mi patria cívica, de su independencia, de su Historia, de su singularidad cultural, me gusta, sin embargo, sentirme gallego, castellano, andaluz, catalán, vasco…” A este respecto, Ángel Crespo, incluyendo los poemas de Torga en el tomo I de su ANTOLOGÍA DE LA POESÍA PORTUGUESA CONTEMPORÁNEA (Ediciones Júcar, 182), habla de “su amor a la tierra natal de Tras os Montes, un amor que hace extensivo al resto de la península. Admirador de España y de los grandes escritores españoles, muestra tal fe en la cultura ibérica y tal solidaridad con su problemática que ha llegado a afirmar que «la latinidad sólo tiene un pueblo verdaderamente vivo: España».”

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  43. ¿13 de mayo
    y tan lejos de Fátima
    Mar y sus padres?

    ¿13 de mayo
    y tan lejos de Fátima
    Ana y Miguel?

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  44. EL PÁJARO le decían
    al Ministro de la Guerra;
    y eso a él le divertía.

    −Toda guerra es un horror
    −dijo el cormorán moñudo.
    SAN ISIDRO LABRADOR.

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  45. Hoy, Mar, SAN PASCUAL BAILÓN.
    ¡Vivan tus manos abiertas,
    tus bailes y tu canción!

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  46. SAN PEDRO C.,
    hoy, Mar. C., ¿de qué cosa?
    De ti, de Cielo.

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    Respuestas
    1. Nos equivocamos. Ayer no era San Pedro C. (hoy) sino San Félix C.

      SAN FÉLIX C.,
      Mar: ¿Hoy de qué la C.?,
      ¿también de LLAVES?

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  47. Esta tarde, Mar, en un banco del Paseo de los Curas.

    Enderezar
    bien nuestros pensamientos.
    Paseo de España.

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  48. San Anastasio,
    Mar, te está preguntando:
    ¿Qué es el POTASIO?

    San Anastasio,
    también te está diciendo:
    Vete con TASIO.

    San Anastasio
    me está ordenando a mí:
    ¡Venga, al GIMNASIO!

    "VISTA CREADA CON IA

    El nombre Tasio es un diminutivo de Anastasio, que significa "resurrección" en griego. También puede referirse a alguien natural de la isla de Taso, en el mar Egeo. En algunos casos, Tasio puede ser un nombre independiente, especialmente en contextos culturales específicos". [Nombre de un guapo muchacho en la película MUERTE EN VENECIA.]

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